Hasta
el sobrenombre que llevaba el festival, el cual me he permitido fusilar
descaradamente para titular esta crónica, era brutal, y representaba a la
perfección el contenido del cartel de un sábado que quedará marcado para
siempre a fuego en quienes estuvimos allí, y que será recordado en Valencia
como una prueba más de que el Metal está bien vivo, al contrario de lo que
algunos pintamonas chuchurríos se empeñan en afirmar, y que fue, tal como los
mismos RAM dijeron, una auténtica
celebración de Heavy Metal por todo lo alto, con una marcada esencia festiva,
de camaradería, de entrega y pasión por parte de todos los asistentes, así como
de todas las bandas que formaron parte de ella. Y todo ello, una noche de tan
enormes actuaciones, de tan apurada organización, que logró reunir bajo el
techo de la 16 Toneladas a tantísimos aficionados a esta forma de vida (porque
lo es), se lo debemos, una vez más, a los miembros de la asociación Metal Bats,
que tantas y tantas alegrías nos llevan deparando desde hace ya más de 15 años.
Pero en ocasiones, hasta las más irrefrenables ganas, hasta el más atractivo y
flipante de los carteles, no son suficientes cuando la situación hace
prácticamente imposible asistir, y en principio tuve que buscar otro plan
alternativo, que no era el que más me apetecía. Por eso, me resulta obligatorio
agradecer infinitamente (por primera, pero no por última vez) a uno de mis
mejores amigos, José Luís ‘Popi’, que me hizo por mi aniversario uno de los
mejores regalos que he recibido nunca: la tan ansiada entrada para este
festival. Y sabiendo la importancia vital que tienen para mí los conciertos,
podéis haceros una idea de la euforia que me invadió cuando, de repente, el
frustrado plan se convirtió en toda una realidad.