El tercer día de crucero, con la parada en Cozumel,
la excursión contratada, y el madrugón que me dejó hecho puré a la hora de
soportar toda una dura e intensa jornada de conciertos, fue en sí mismo una
contundente lección que aprendí por las malas. En esta quinta, y por desgracia
última jornada, nuestro viaje se detenía el puerto de Nassau, capital de las
Bahamas y principal centro cultural de las islas. La oferta de visitas y
excursiones era abundante y ciertamente apetitosa, como visitar un santuario de
tortugas marinas, entre muchas otras. Sin embargo, temiendo que me sucediese lo
mismo que con la excursión del tercer día, y teniendo siempre presente que mi
única prioridad absoluta en los festivales es ir a ver conciertos, y no
permitir que nada interfiera en ellos, cancelé mi parte de la excursión
programada. No quería correr el más mínimo riesgo que pudiese comprometer mi
resistencia en aquel último día, donde el cansancio acumulado, además, ya era
lógicamente considerable. Además el hecho de que el primer día pospusieran la
actuación de mis amados Firehouse
hasta primera hora de este último, fue definitivamente lo que me hizo tomar la
decisión. Así pues, dediqué la mañana a holgazanear y tocarme los huevos todo
lo que pude. Tras un reconfortante sueño (el más profundo de todo el viaje),
bajé tranquilamente, sobre las 11:00, a por el desayuno, el último, con el que
me pegué una hinchada bárbara. Imaginaos que, en el buffet, al ver cómo estaba
mi plato de lleno, un tipo que estaba a mi lado me dijo, con cierta
preocupación en su tono de voz: ‘you are eating too much, man…’ (estás comiendo
demasiado, tío), a lo que le contesté que estaba hambriento como un perro
callejero. Después, fui otro ratejo a estirar las piernas al camarote.
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lunes, 18 de marzo de 2024
sábado, 16 de marzo de 2024
Let's get CRAZY!! (Monsters of Rock Cruise 2024, 4ª Jornada, martes 05/03/2024, Independence of the Seas)
El cuarto día a bordo ya fue otra cosa muy
distinta por la mañana. Me levanté bastante reposado y por tanto, con mucho
mejor humor, dispuesto a empezar, junto a mi chica y mi amiga Elena, desde bien
temprano la fiesta… no sin antes practicar el noble (y prácticamente
obligatorio) arte de abusar del restaurante de comida libre. Sí, soy una de
esas personas que no les sale a cuenta a este tipo de bufetes. La ‘fartada’,
como decimos en mi pueblo, fue tan monstruosa, que casi salgo de allí rodando
más que andando, pero también imprescindible para soportar el duro ritmo que
llevábamos día tras día. Hasta el momento, estaba siendo un festival
enormemente aprovechado. Ya había visto a muchas de mis bandas favoritas, pero
todavía quedaban muchas más, y concretamente, aquel penúltimo día, Dangerous Toys, Lizzy Borden, Crazy Lixx
y, por encima de todos, otro Top absoluto para mí, Winger. A parte, tenía intención de volver a ver a H.E.A.T (esta vez, concierto completo), que no por haberles disfrutado ya incontables veces, iban a tener menos peso en
el cartel. Vamos, lo que viene a ser otro día completamente abarrotado de
conciertos desde primera hora hasta la madrugada, o dicho de otra forma, serotonina
non-stop a raudales. Pasar tantas horas allí, paseando una y otra vez por los
rincones del crucero, conviviendo con tanta gente del Rock, conociendo a muchos
y encontrándote con colegas, zampando, descubriendo nuevos lugares incluso… son
cosas que hacen que se convierta rápidamente en tu nuevo hogar. Es casi como si
el mundo exterior hubiese dejado de existir desde el primer día en que entras.
Y como uno disfruta tan intensamente, el tiempo pasa muy deprisa, demasiado. Con
esa máxima pues, había que exprimir otra nueva jornada hasta que el cuerpo
aguantase (y más allá).
Etiquetas:
Ace Frehley,
Crazy Lixx,
Dangerous Toys,
H.E.A.T.,
Joe Satriani,
Lizzy Borden,
Rare Hare,
Winger
Ubicación:
Mar Caribe
lunes, 21 de febrero de 2022
The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 3, 11/02/2022)
Salvo algunos días parcialmente nublados, o algún que otro
chispeo en días anteriores al crucero, estábamos disfrutando a tope de algo así
como un verano anticipado en pleno Febrero gracias al clima tropical y
eternamente cálido de la zona, y eso para mis oídos es pura música celestial. De
hecho, no tardé en andar por ahí con la cara roja como una gamba. Disfrutar de
esta forma los conciertos, y además sin mascarillas ni polladas, fue un
verdadero privilegio, una sensación indescriptible de volver a los tiempos
pre-pandémicos donde la libertad en los conciertos era absoluta. Es otro de
tantos motivos por los que, aun con todos los bajones que nos tocó sufrir,
mereció la pena hacer este viaje. Obviamente, y a pesar de que el hecho de
estar sobre un crucero le daba a todo un aire algo pijo y elitista, las
comodidades eran de otro planeta. ¿Qué quería uno cambiarse? Pues en un bote a
la habitación y con tranquilidad, e incluso para tomarse ese ratillo exprés
para descansar los pies unos segundos entre bolo y bolo. ¿Qué apetecía privar?
Había decenas de barras donde escoger, allá donde uno estuviese, y lo mismo se
puede decir prácticamente de la comida. El viernes era un día exclusivamente
para ver conciertos, sin paradas. No había excursiones y, probablemente fue la
agenda más concurrida de todo el festival para nosotros, y llegué a ver la
friolera de ocho actuaciones distintas, la mayoría de ellas completas. Fue una
de las jornadas más destroyer que tuvimos, pero la exprimimos al máximo, y
además, hubo tiempo para hacer otras cosas, como filtrarse unas cuantas copas o
darse una cena de verdadero escándalo en el restaurante de lujo. En cuanto a
las bandas, había muchas en el cartel que no había visto nunca y les tenía unas
ganas locas.
Etiquetas:
Buckcherry,
Crazy Lixx,
Dangerous Toys,
Faster Pussycat,
H.E.A.T.,
Lillian Axe,
Monsters of Rock Cruise 2022,
Pat Travers Band,
Tuff,
Winger
Ubicación:
Miami, Florida, EE. UU.
domingo, 20 de febrero de 2022
The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 2, 10/02/2022)
Nuestro camarote en el barco era bastante pequeño, no solo
contando con las tres personas que dormíamos allí, sino también con todo el
equipaje (también era el más económico, claro). Poco a poco nos organizamos
para no parecer sardinas en lata, y de todas formas, tampoco lo usamos para
mucho más que sobar. Al final, dos camas y una litera, más que suficiente, ya
que cada día llegábamos más y más reventados a la habitación. La limpieza
diaria era correcta (aunque a veces toqueteaban más de lo debido), y cada día
nos encontrábamos con una nueva sorpresa en forma de animal hecho con toallas
(sí, tal cual) sobre nuestras camas, al que además le ponían el primer par de
gafas que encontraran por la habitación. Era uno de esos momentos que te
sacaban unas buenas risas, de entre los muchos que encontramos durante el
crucero, por ejemplo mogollón de gamberradas, como cambiarsto el número máximo de
personas por ascensor de 5 a 100 (realmente se acercaba más a la realidad
jejeje) o pegarles ojos de plástico a todos los cuadros que había por los
pasillos. Amigablemente, la organización te incitaba a personalizar la puerta
de tu camarote, y había auténticas obras de arte, desde complementos que podías
tomar prestados para hacerte fotos con ellos hasta fotos con artistas, imágenes
de otros años o publicidades varias. Lo cierto es que el ambiente que se
respiraba era fenomenal, mucho colegueo y mucha familiaridad en tono alegre. Es
algo que hubiese disfrutado mucho más de no estar tan abatido por las
cancelaciones diarias… Sea como fuere, aquel segundo día llegamos a las
Bahamas, a la paradisíaca isla de Cococay, y había que pegarse un madrugón de
padre y señor nuestro, por si no fuera poco el cansancio acumulado que
llevábamos ya.