Era algo que era cuestión de tiempo que volviese a suceder. Hay un dicho por aquellas mágicas tierras que lo expresa con claridad: El que va a Wacken, repite. Y es cuestión de tiempo también que vuelva a suceder, que vuelva a verme en la tierra sagrada del Metal. Cada cuál tiene su opinión, están los defensores a ultranza de los festivales españoles y los detractores mas acerrimos. No lo voy a negar, yo hasta hace poco pertenecía al primer grupo. Siempre decía que hay que apoyar los grandes festivales españoles de metal, para que sigan creciendo, prosperando, blablabla. Muchas veces me he sentido estafado y aun así, he vuelto una y otra vez. Pero cada vez que he marchado a Wacken, al volver he visto las cosas con más claridad. No hay color. Es otro espíritu, es otra cultura totalmente opuesta a la nuestra. Wacken es la capital mundial del Metal, y este mote no es fortuito, y por ello con el tiempo he ido relegando los festivales españoles al olvido. Ya no quiero dormir en mi tienda sobre un secarral, con las manos hechas polvo de intentar clavar las piquetas. Ya no quiero pagar 5 euros por un bocadillo con pan de hace 3 dias y con dos tristes longanizas. En los dos años que he ido, todavía no he visto que nadie me pusiera mala cara al servirme. Todavía no he visto a ningún segurata tirar al suelo ni pegar a nadie. Tenlo claro, si quieres calidad, no la vas a encontrar en festivales españoles, al menos en los mas grandes. Si amas el metal tanto como yo, es cuestión de tiempo que te des cuenta que debes acabar cada año en Wacken, la meca, la tierra sagrada, probablemente uno de los poquísimos lugares en la tierra donde puedo ser completamente feliz. Damas y caballeros; esto fue, a grandes rasgos, Wacken 2010.