De venadas anduvo la cosa hace dos sábados. Venadas repentinas y locas. Y es que cuando algo mola y surge la oportunidad de hacerlo, como meterse en el cuerpo 16 horas de autobús en total hasta Barcelona en plan ida y vuelta en un mismo día para ver a unos monstruos del Death Metal como Amon Amarth (y además muy bien acompañados en el cartel) aunque sea una decisión prematura, aunque sea solo, aunque sea con relativamente poca pasta… se hace con dos cojones. Y punto. Y así empezó esta pequeña aventura hacia mi querida ciudad condal, y mi no menos respetada sala Razzmatazz. La gira de Amon Amarth junto a otra banda que llevaba tiempo queriendo ver en directo como los thrashers Savage Messiah (que gustazo, oigan) se presentaba en Barcelona por todo lo alto. Me importa una mierda haber visto ya 4 o 5 veces a los vikingos, porque ha sido siempre en festival y quería probar la experiencia en sala, y más en una tan especial para mí como lo es la Razzmatazz. Aquel largo día comenzó a las 6 de la mañana, cuando sonó mi despertador. Rápidamente, cogí un bus que me llevaría a Valencia, un bus, por cierto, sin calefacción. Cuando estaba llegando a la “capi” pensaba que me tendrían que amputar dos dedos del pie por congelación. Mi colega Alex se brindó para acompañarme hasta donde estaba Félix (Pentagram, organizador del viaje) y toda la peña que llenaría el micro-bus que nos llevaría a Barcelona. El viaje fue largo, pero se hizo corto con conversaciones de lo más enriquecedoras y divertidas y alguna parada extra. De verdad que, para variar, es un inmenso placer viajar con gente tan experimentada y conocedora del rollo (saludos Mauricio, Ana, Jose, Frank…).