Se
llaman StOp, sToP!… pero a ellos no
hay nada ni nadie que pueda detenerles. Su carrera, sus logros y su
perseverancia deberían estar plasmados para la posteridad en las páginas de
hipotéticos libros de historia de nuestro rollo, para servir como ejemplo e
inspiración a otras bandas que pretendan convertir su música en mucho más que
una simple afición, en un modo de vida y en la más básica necesidad de
supervivencia. Se lo jugaron todo, absolutamente todo, a una única carta, la del
Rock’n’Roll, y no sin grandes esfuerzos, triunfaron. Y a mí, esa actitud me
merece un respeto infinito y eterno, más que por cualquier otra cosa en este
puto mundo. Desde hace más de diez años, viven afincados en Birmingham, y como
han hecho durante todo este tiempo, con mayor o menor frecuencia, vuelven a
visitar nuestra península para darnos a probar una buena dosis de lo que es su
talento y su grandeza sobre el escenario, cada vez con más discos, kilómetros y
experiencia sobre sus espaldas, y lo que es más importante, más ganas que nunca
de reventar el escenario. En este 2022, y a partir del 2 de septiembre, eran
siete las fechas que tenían por delante, recorriendo de punta a punta nuestra
geografía y como siempre, con intención de dejar huella. Era una oportunidad
que no pensaba perderme, sabiendo ya de buena tinta lo que son capaces de hacer
cuando, sobre un escenario, se meten en su mundo y se olvidan del resto. Lo
lógico, por cercanía, es que hubiese ido a Valencia, al Peter Rock, pero debido
a mi “curro” de verano, finalmente fue la sala Wolf de Barcelona la escogida
para verles. Nos prometieron una noche muy especial, y era fácil adivinar que
lo íbamos a pasar en grande.