Me jode tener que decirlo, pero me estoy quedando sin blanca para moverme de concierto en concierto, aunque es algo que siempre ha sido y continuará siendo mi prioridad a la hora de gastarme los pocos cuartos que me quedan. Lo de pegarme dos santas semanas para escribir la crónica no tiene nada que ver con eso, es que la cabeza no está donde debería estar, y ni aun así esto es una buena excusa para tardar tanto, pero son cosas que pasan. De todas formas, aun recuerdo claramente todo lo acontecido en aquella casi improvisada noche del martes día 1 de Octubre, una velada demasiado intensa como para olvidarla en tan poco tiempo. Se me pueden pasar detalles insignificantes y ciertas cosillas sin importancia, pero la esencia del concierto sigue latente porque fue algo digno de llamarse batalla campal en aquel centro social, La Residencia, en donde a pesar de su reducido tamaño hubo mucho que escuchar y sobre lo que contar. Con el coche de Juanmi a reventar (y así salió mucho más barata la noche) allá que nos fuimos, martes y buen día, mi amigo Kurro y dos colegas de Ontinyent con los que espero volver a coincidir, Xoxe y Héctor, y siendo en Valencia estaba claro que algunos colegas más iban a unirse a la fiesta, como así lo hicieron los habituales Lobo y Santi con quienes también fue un gustazo compartir todo aquella movida con sabor a metal underground, thrash, antro oscuro y auténtico y mucha cerveza. Y la cuestión es que, sin conocer a los teloneros salvo un par de temas escuchados, y poco más a la banda principal, los americanos Speedwolf (con tan solo un disco en el mercado), la ferocidad sobre el escenario, especialmente de estos últimos, no dejó insatisfecho ni indiferente a nadie. Las deficiencias sonoras fueron las esperadas para un local con un acondicionamiento tan pobre, pero incluso así nos centramos en desfasar tanto como pudimos.