Entre
la ida y la vuelta, un larguísimo viaje en coche de más de 14 horas. Nos
cancelaron 3 Airbnb en Madrid, donde finalmente nos tuvimos que alojar en algo
que era poco más que un zulo. Y lo que es peor todavía, también nos cancelaron
la casa que teníamos reservada desde hacía meses en León, dos días antes de
emprender la marcha, dejándonos completamente vendidos. Para colmo, mi chica y
yo tuvimos que enfrentarnos a obstáculos casi insalvables relacionados con la
maldita Dana, tan solo unos pocos días antes de salir hacia Madrid. Alguien
podría pensar que se trataba de avisos del destino para que nos replanteásemos
toda esta odisea que teníamos por delante, pero obviamente, no hicimos caso de
esas pantochadas. El miércoles día 6, con todo bien atado al fin, salimos a
nuestro primer objetivo, que fue ver a los Stop Stop en la ‘capi’. Y tras un
par de días allí, ya fijamos la ruta hacia la bellísima ciudad de León, que
tantas ganas teníamos de volver a visitar. ¿Mereció la pena todo el esfuerzo,
sustos y sinsabores previos al viaje? Después de todo lo vivido, no me cabe la
menor duda que responder con un sonoro SÍ. Porque por un festival como este, de
esos que te deja los ojos en blanco con solo mirar las bandas que lo componen,
merece jugárselo todo hasta el límite. Hardline, Jaded Heart, Treat, Hackers, Tyketto, Perfect Plan y The Night Flight Orchestra… ¡casi
nada! Prácticamente un sueño de cartel en este país que tanto maltrata a
quienes amamos con locura el Hard Rock y el AOR. Y aunque estas crónicas se han retrasado más
de lo que deseaba, os aseguro que cada momento, y cada sensación de las
infinitas que vivimos aquel fin de semana, siguen bien clavadas en la piel.