En unos
meses en los que mi agenda personal de conciertos está que revienta por
saturación y mi cartera, en modo inversamente proporcional, pide clemencia a
gritos, lo cierto es que a corto plazo voy a tener que hacer algún que otro
ligero recorte en la seguidilla que llevo desde que comenzó el año. Es curioso
como hay épocas en las que, o bien no hay un mísero bolo que llevarse ‘al
cuello’, o bien vienen todos al montón, como fue el caso hace unas semanas, un
fin de semana en el que llegué a contar hasta 6 conciertos en la zona por la
que suelo moverme, o el que viene, donde la cifra se aproxima bastante. Sin
embargo, hay conciertos que no se pueden tocar bajo absolutamente ningún
concepto ni situación, ocasiones tan especiales como la del sábado pasado en la
Sala Babel de Alicante, donde nos visitaron los gigantescos Vhäldemar. Y cuando algo así se
presenta, cuando una banda de tamaño calibre visita tu misma provincia… debería
ser sancionable no acudir. No hay patrañas ni excusas baratas que valgan, hay que
ir a muerte, y punto pelota. Junto a estos grandes de Barakaldo, y a diferencia
de la mayor parte de los conciertos de la gira que celebraron hasta finales del
año pasado, en los que contaron con los Leize (incluyendo aquel brutal bolo que
dieron el 5 de diciembre en Valencia) en esta ocasión, y en otras tantas, los
cacereños Adarel serán sus
acompañantes. Esta era una de esas noches en las que, antes de salir de casa,
antes de recorrer el primer kilómetro, uno ya sabe que lo va a pasar como si no
hubiese un puto mañana, por tantos colegas que nos íbamos a encontrar allí, por
las bandas, por el buen rollo que siempre impera en la Sala Babel…