Al viernes siguiente al bestial concierto que se marcaron los Dead Daisies en Hopitalet, me levanté con muchísima motivación sabiendo que aquella noche iba a ser, como mínimo, igual de intensa y rockera que la anterior, pero con más bandas, más concierto y más colegas. El día consistió en una intensa visita a ciertos lugares de la ciudad de Barcelona, en plan cultural la mayoría de ellos. Siempre se ha de disfrutar el momento de la anticipación de un concierto, y si es de esta forma, mejor que mejor. Posteriormente, tras una buena siesta (y es que, aunque superada la resaca de la noche anterior, estábamos reventados…) ya nos dirigimos hacia el metro para terminar justo delante de la sala Razzmatazz II, donde se celebraría el concierto de los finlandeses Shiraz Lane junto a sus compatriotas One Desire y, por supuesto, H.E.A.T., las estrellas más brillantes de la noche y tal vez de todo el fin de semana. Para ir entrando en calor, y como todavía faltaba un ratillo para empezar el primer grupo, nos acercamos al mítico Bar Pepe, a pesar de las advertencias de nuestra colega Elena, para ver qué se cocía dentro. La decepción fue la nota dominante. A parte de los pijeras que han puesto tras la barra, y aunque la decoración seguía siendo más o menos parecida que la última vez que entré (hace ya unos cuantos años, por cierto), la música apestaba muchísimo a puta mierda de pop moderno, algo que me indignó bastante y, de no haber pedido ya un par de cubatas, hubiese salido por patas de allí. R.I.P. Pepe Bar, así de claro. Era el mejor lugar de espera que uno pueda imaginar, con sus motivos de Los Suaves, sus posters y carteles, su gran música… pero todo eso con el cambio de dueño, se terminará más pronto que tarde.