Para contrarrestar la siempre entristecedora sensación de
que esto está llegando a su fin, el sábado, último día del Leyendas del Rock
2023, fuimos a por todas desde el primer minuto, desde la primera actuación,
hasta donde aguantase el cuerpo. El descenso ligero de las temperaturas
prometía un clima, teóricamente, más amable que en los dos días anteriores,
aunque no había que bajar la guardia con el calor. A este respecto, algo de nuestro
Leyendas que he aplaudido ya mil veces, y que continuaré haciendo mientras dure,
es la orientación de los escenarios, que con su mismo revestimiento, van
tapando el sol conforme avanza el día, y eso, en un festival de cuatro días en
agosto, es algo sencillamente impagable. Y con el Mark Reale cubierto, a la
hora de ver conciertos el sol directo no tiene por qué ser un problema si se
coge la posición adecuada. Eso sí, el bochorno extremo no había quien nos lo
quitase. Otra acción plausible, como novedad de este año, fue la instalación de
una estructura de varios grifos, justo donde solo había una fuentecita.
Plausible, ojo, pero totalmente necesaria, que ya era hora… Otro aspecto a
resaltar fue el anuncio de que se podría entrar comida y agua al recinto, que
nos alegró la vida, sobre todo a quienes no podemos pagar los desfasados precios
de barra, foodtrucks y demás. Y esto más que una medida a elogiar, es algo a
reivindicar para todos los festivales, ya que prohibir entrar sustento vital es
abiertamente ILEGAL (ejem, Rock Fest Barcelona) y debería ser sancionado como corresponde.
Atendiendo ahora al cartel, mis principales objetivos del día eran tanto bandas
nacionales de la talla de Avalanch, Badana o Shalom, como internacionales, léase Michael Schenker, Diamond
Head y por encima de todo, mi BANDA, con mayúsculas, de todo el festival,
los trves americanos Virgin Steele.