Llegó
el tercer día de Rock Imperium, y la impresión fue exactamente la misma que en
la primera y segunda jornada. Un festival que, sin llegar a ser ni mucho menos
perfecto, sí había limado muchísimos de los defectos de los que adoleció en la
anterior edición. Nosotros, por nuestra parte, seguíamos sin dar tregua. Ni el
sofocante calor (que hoy domingo, apretaría más que nunca), ni el destroce
físico que llevábamos ya a las espaldas (y a los pies, y a las piernas, y…)
podría privarnos de ver casi todas las bandas posibles. De nuevo, el reposo en
la casa donde nos quedábamos fue total, tomándonos la mañana con mucha calma,
almorzando con tranquilidad, comentando anécdotas recientes… como dije, un
ambiente formidable. Una lástima que la noticia que nos llegaba de buena mañana
ensombreciera un poco nuestros ánimos. La esperada, pero igualmente temida
cancelación de Nestor se hizo al fin oficial, dejándonos con una gran sensación
de ‘bluff’… aunque nada comparable a lo que fue la criminal caída de Whitesnake
el pasado año. Al menos, pude verles por partida doble el pasado año, pero
desgraciadamente, su primera visita a nuestro país tendrá que seguir esperando.
La parte positiva fue la inclusión de 91
Suite, hecho que para mí suavizo mucho el golpe. Dejando esto a un lado, la
tercera jornada volvió a ir como la seda, con horarios bien cumplidos, sin
problemas graves de sonido (salvo quizá, ciertas partes de Lordi), ni incidentes remarcables. La gran duda, sobre todo
teniendo en cuenta la actuación de KISS
casi a última hora, era si la ampliación de capacidad del recinto resultaría
suficiente, o por el contrario, volveríamos a estar tan apretujados que no
podríamos ni respirar, como sucedió el año pasado.