Finales de Junio, principios de Julio. Comienza la temporada veraniega y con ella, la agenda de los festivales bajo el sol, cada año más abarrotada desde un tiempo a esta parte y en donde se nos provoca con una oferta cada vez más amplia en los últimos años, en los que las agencias promotoras y los organizadores buscan los nombres más rimbombantes y que más espacio ocupen en el cartel para llamar nuestra atención y atraernos hacia sus carteles aprovechando nuestras ansias y nuestro síndrome de abstinencia entre un verano y el otro. Este año ha sido (y va a ser) especialmente pródigo en festivales. De los cuatro grandes (el big four español de festivales) como Download, Resurrection, Leyendas y Rock Fest, yo siempre opto, sin duda, por estos últimos dos. Para el Leyendas aun queda un mes que esperaré con impaciencia, pero el tiempo del Rock Fest ha pasado ya tan solo unos días… y ciertamente, me cuesta un trabajo enorme sintetizar toda la información anotada, todos los recuerdos y todas las experiencias y emociones que he vivido tanto con las bandas como con la peña con la que he ido pasando grandes momentos que también han marcado este festival. Lo he dicho ya decenas de veces, y puede que este año el Rock Fest haya bajado notablemente su nivel respecto a cabezas de cartel, ocasionando numerosas quejas, pero la realidad es que salvo este detalle, todo siguen en su sitio, y a nivel de Metal y Rock clásico sigue sin tener rival alguno, ni por presupuesto ni por distribución. Y eso es justo lo que queremos los que optamos por estilos tradicionales, no nos importa hasta cierto punto que sean bandas que se ven por aquí con relativa frecuencia, nos importa sobre todo que sean de calidad (al menos, hablando por mí, desde luego).