Buaaah, menudo monazo más tremendo que tenía de concierto. Después de un veranito tan surtido y movido como el de este 2018, duele tener que hacer un parón tan largo como este, de casi un largo y tedioso mes sin un concierto realmente decente (aunque ha habido alguno que otro para “aligerar la carga”). La vuelta a las andadas desde aquel brutal Ripollet Rock no podía ser mejor, con un festivalazo al que le tengo un cariño casi infinito, a donde he asistido ya en 5 ocasiones desde aquel lejano 2009 donde el festival daba sus primeros pasos. Me refiero al Gineta Rock, que va ya por su undécima edición y vuelve este año con más fuerza que nunca tras algunas ediciones con unos carteles que, en opinión de un servidor, fueron más flojos que de costumbre. De todas formas, no fue eso lo que me impidió ir, sino causas más absurdas pero de mayor “peso” (como bodas y demás subnormaladas). Este septiembre ha sido, definitivamente, mi vuelta al acogedor y carismático pueblo de La Gineta una vez más, atraído sobre todo por el gran plantel de bandas que participaban, especialmente por Snakeyes, Celtibeerian, Mad Hatter y Equilibrium. El pasado sábado volví a tener, en general, muy buenas sensaciones después de mucho tiempo sin ellas. Hacía un gran día, no había estrés, ni prisas, iba a disfrutar de un gran espectáculo en la mejor compañía... aunque en muy pocas, en ocasiones la vida puede ser la hostia. El principal problemilla era la hora de inicio de los primeros conciertos… las 14:00 horas era un poco violento para estar allí, más que nada porque los planes para comer ya estaban hechos. Lo lamento por los primeros grupos, especialmente por Seventh Hell y In Vain, pero finalmente no pudo ser y llegamos con el tiempo pegado para el bolazo de Snakeyes.
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lunes, 1 de octubre de 2018
lunes, 17 de junio de 2013
Más Ginetarock, ¡¡por favor!! (Salón municipal, 15-Junio-2013, La Gineta, Albacete)
El tiempo no va a darme tregua. Llegué hace unas cuantas horas de un intenso festival, el ya tradicional Ginetarock, pero este mismo miércoles escucharé la llamada del Hellfest, así que antes de que las sensaciones vividas en el festival manchego pierdan intensidad, voy a contaros con todo detalle lo que fue aquella mágica velada de anoche, llena de momentos inolvidables, intensos, actuaciones para quitarse el sombrero con músicos deslumbrantes y colegas que se presentaron allí por sorpresa. Recuerdos especiales a Miguel Ángel, a los miembros de su banda X-trueno y a toda la peña que conocí, ¡gracias por acogerme y pasar unos ratos tan agradables con vosotros! Porque, desafortunadamente, una vez más me tocó acudir al festival con mi mejor compañero de fatigas metaleras: el GPS, y esto no es demasiado consuelo. Es lo que tiene tener colegas con tanta “vitalidad” y “ganas de fiesta” (nótese el descarado sarcasmo…) Pero bien, aparte de este detalle que tampoco es novedad, ya que es el 4º Ginetarock al que acudo solo, todo salió a pedir de boca. Una vez más olé tus huevos Gineta, uno de los festivales con más carácter, más actitud y a la vez más humildes y populares de cuantos se celebran en nuestro país, que se ha ido forjando su propia fama gracias a carteles llenos de sorpresas y grandes nombres sin tener que cobrar la entrada a 50 euros ni el litro de cerveza a 8. Desgraciadamente en este jodido país estas cosas no salen rentables, así que casi todo esto se monta por el puro rock’n’roll. Y además, no todos los días se presenta la ocasión de ver un cartel con cinco grupazos a los que nunca antes había visto pero conozco muy bien (especialmente Firewind, ¡¡si no los veía ya de una puta vez, reventaba!!) y Ankhara, a los que no veía desde el año de su separación (2004). El atractivo de todo esto compensa mil veces el hecho de tener que ir solo.