Dudando
sobre el título a utilizar para esta crónica mientras recordaba y ordenaba los
temas que compusieron el setlist del concierto de este sábado, al final me di
cuenta que tenía la respuesta ante mis narices. Porque no, la vida por mucho
que queramos nunca será perfecta, pero desde luego, acordándome de la mitad del
2020, y los primeros meses de este 2021, con lo putísimas que las pasé sin mis
conciertos (algo necesariamente imprescindible en mi vida), me siento muy
afortunado de ver cómo, después de las cien mil injusticias, trabas e
impedimentos hacia nuestra escena, poco a poco esta va resucitando, se van
abriendo las puertas de las salas, al menos de aquellas que han podido
sobrevivir al calvario de situación de estos últimos tiempos, y las bandas
empiezan a rodar, a respirar y a hacernos disfrutar… aunque no sin un montón de
obstáculos todavía. Queda un largo y exasperante camino hasta que todo vuelta a
la normalidad, hasta que podamos saltar, empujarnos y pisarnos, abrazarnos como
antaño, correr y apoyarnos en el escenario, pero al menos en la mayoría de
comunidades ya se empiezan a ver carteles de conciertos con fechas próximas que
a muchos como yo nos dan la esperanza de que esta aceleración va a continuar
hasta que, en última instancia, volvamos a disfrutar, como objetivo final, de
esos festivales al sol del verano con toda la libertad que el puto virus nos ha
arrebatado durante tanto tiempo. Jolly
Joker es una banda que, como todos sabéis, admiro profundamente desde hace
muchos años. Pero sin duda, todo lo que han conseguido durante esta pandemia,
haciendo lo imposible por moverse sin parar, regalándonos noches inolvidables
de Rock’n’Roll entre tanta negatividad y frustración… para mí directamente les
ha convertido en el principal pilar de apoyo emocional al que he podido
agarrarme para no caer.