Nada como unas horitas de buen sueño para reponer fuerzas y de nuevo al abrir los ojos descubrir que sigues estando en la tierra sagrada del Metal y que es algo real el hecho de seguir allí por otro día más, aunque sea el último. Por eso mismo me levante con mentalidad destroyer, ir a todos los conciertos posibles hasta caer de rodillas como es habitual en mí.
Es habitual que los días largos, es decir, los dos últimos de cada Wacken, los conciertos empiecen a una hora un poco criminal. En este sábado, además, había una duda bastante grande sobre a quién acudir a ver. Coincidían Moonsorrow (a quienes ya vi hace bastantes años en Granada) y Visions of Atlantis (vistos recientemente en Barcelona). Ambos ofrecen un buen directo, si bien a los últimos tan solo pude verlos 10 minutos en su pasada visita a España. Al final, debido al calorón que caía sobre nosotros, decidí que quería reservarme y aprovechar esa temprana hora para ver el mercadillo y al mismo tiempo acompañar a mi colega Biel a que comprara parches y cosillas varias (y vaya pedazo de compra jejeje). A veces no se donde tengo la cabeza y entre mirar cosas y hablar... se me pasó la actuación de los Crashdiet, creo que la única (o de las poquísimas) banda de hard rock que figuraba en el cartel. Vaya putada, la verdad es que tenía muchas ganas de verles y casi me doy de cabezazos contra la pared, porqué fue sin darme cuenta. En fin… si no tuviese el cuello pegado a la cabeza, algún día la perdería. Tras el lapsus, esta vez si que empezaba en serio la cosa.