Solamente por el hecho de volver a una sala como la The One, ex Nave 8, con la cantidad de recuerdos y conciertazos que se han forjado allí, ya vale la pena salir de fiesta una noche cualquiera, aunque sea un lunes y buen día, casi independientemente del grupo que toque. Si a esto le añadimos un buen ingrediente, como ver por primera vez a Max Cavalera al frente de sus Soulfly, acompañados por los veteranos Fuckop Family y toda la mala leche y verdades que desprenden en directo, la cosa sube bastantes enteros. Pese a no ser bandas que entran dentro de mis gustos habituales, fui bastante dispuesto a disfrutar con aquello que pudiese encontrarme. Y casi lo mejor de todo, y sin que sirva de precedente: no fui solo, sino con unos cuantos colegas (Kurro, Monty, Jose) a los que se unió Xuso, Javi (Alcoy), Avul y demás gentuza con la que nos encontramos. Así es como se crea un marco ideal para un concierto cuyo estilo no es precisamente mi favorito pero que uno ya sabe de antemano que lo va a pasar teta. Agradezco cantidad a Ricky (Fuckop Family) el detalle de guardarnos 4 entradas a precio de anticipada y encima de las guapas, de taco, contribuyendo también a que la noche saliera bastante económica. Así pues, back to The fuckin’ One, una sala a la que no acudía desde el concierto que dieron Los Suaves en el 2013 (no ha llovido ni na) y que, a pesar de ser una de las salas más grandes de toda la provincia, sigue estando completamente desaprovechada, utilizándose para movidas raras en lugar de montar conciertos guapos. Con la de bandazas que han pasado por allí… quien la ha visto y quién la ve.