No creo ser el único que aquella noche se quedo embobado y salió de aquel concierto como si hubiese tocado el mismo paraíso del metal. Ni si quiera el único que aun a día de hoy siga quedándose en standby pensando y recordando lo que se vivió aquella noche en la sala Sant Jordi Club. Era una fecha señalada a fuego en mi calendario desde el día que me enteré de que volvían a España los auténticos Reyes, Dioses del Metal. Un año escaso después de su apabullante concierto en Zaragoza, que fue sin duda el mejor concierto de mi vida, volvían a Barcelona esta vez para demostrar el porque sus fans les dieron en su día el titulo de Reyes del Metal y de paso, como siempre y sin salirse de su estilo, callar las bocas de los cuatro gilipollas que dicen que su tiempo ya pasó, que están acabados. Pues si, señores, allí estuve, como no podía haber sido de otra forma, acompañado de mi amigo Rafa para disfrutar y vivir aquella noche como si fuese la última, y con el aliciente especial de que habían pasado nada menos que 8 añazos desde aquel mítico concierto en la Republicca, y no les había vuelto ver en una sala, en un concierto solo suyo (en realidad si no recuerdo mal fue la ultima vez que hicieron una gira propia por nuestro país). La espera se había hecho eterna, pero por fin estábamos dentro de la sala, a escasas horas de que empezara el concierto y nuestros tímpanos empezasen a reventar con el insultante volumen con el que siempre tocan.
Desconozco las razones por las que la banda española Diabulus in Musica, que si tocó en otros conciertos españoles de esta gira, desapareció del cartel aquella noche, al menos cuando entramos en la sala, me dijeron que no habían tocado todavía.