No
siempre se cumple necesariamente aquello de ‘lo bueno, si breve, dos veces
bueno’, y lo acontecido durante toda esta pasada semana fue un buen ejemplo de
ello. Sin duda alguna, para un servidor, era el fin de semana más esperado de
la segunda mitad de año. El Lion Rock Fest, en la capital leonesa, nos abriría
sus puertas con diversos eventos a partir del viernes, y por supuesto, con el
grueso del festival el sábado. Un montón de conciertazos por delante… y aun
así, queríamos más. Al mismo tiempo, casualidades de la vida, los
‘barceloningamenses’ StOp, sToP
venían de gira por nuestro país, haciendo un buen puñado de fechas por
prácticamente toda nuestra geografía, y había que hacer todo lo posible por
verles en alguna. Había cientos de razones para ello: su enorme calidad como
músicos, su último disco “Tangled”, su descomunal actitud, la pasión
desbordante que siempre se vive en sus directos, el descubrir a una banda como White Tygër en vivo, el placer de poder
volver a saludarles en persona y agradecerles todo el Rock’n’Roll que nos han
regalado a lo largo de su fructífera carrera, el buen rollo y humor que
destilan sus conciertos, la retahíla de temazos que nunca faltan, la voluntad
de darles todo mi apoyo… pero sobre todo, el respeto, el gigantesco RESPETO que
me inspira una banda como StOp, sToP,
y su historia, digna de ser novelada por el mejor autor, por su lucha y su
vocación de no rendirse nunca por un sueño, por la ilusión y las ganas que
ponen en cada canción, tanto en disco como en estudio, por su capacidad para sortear
todos los obstáculos que se les presentan… y solamente estas, ya son excusas de
peso para no faltar a alguna de las citas. Finalmente, la elegida fue la de
Madrid.
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martes, 12 de noviembre de 2024
lunes, 19 de septiembre de 2022
Unlimited! (StOp, sToP!, viernes 16-09-2022, sala Wolf, Barcelona)
Se
llaman StOp, sToP!… pero a ellos no
hay nada ni nadie que pueda detenerles. Su carrera, sus logros y su
perseverancia deberían estar plasmados para la posteridad en las páginas de
hipotéticos libros de historia de nuestro rollo, para servir como ejemplo e
inspiración a otras bandas que pretendan convertir su música en mucho más que
una simple afición, en un modo de vida y en la más básica necesidad de
supervivencia. Se lo jugaron todo, absolutamente todo, a una única carta, la del
Rock’n’Roll, y no sin grandes esfuerzos, triunfaron. Y a mí, esa actitud me
merece un respeto infinito y eterno, más que por cualquier otra cosa en este
puto mundo. Desde hace más de diez años, viven afincados en Birmingham, y como
han hecho durante todo este tiempo, con mayor o menor frecuencia, vuelven a
visitar nuestra península para darnos a probar una buena dosis de lo que es su
talento y su grandeza sobre el escenario, cada vez con más discos, kilómetros y
experiencia sobre sus espaldas, y lo que es más importante, más ganas que nunca
de reventar el escenario. En este 2022, y a partir del 2 de septiembre, eran
siete las fechas que tenían por delante, recorriendo de punta a punta nuestra
geografía y como siempre, con intención de dejar huella. Era una oportunidad
que no pensaba perderme, sabiendo ya de buena tinta lo que son capaces de hacer
cuando, sobre un escenario, se meten en su mundo y se olvidan del resto. Lo
lógico, por cercanía, es que hubiese ido a Valencia, al Peter Rock, pero debido
a mi “curro” de verano, finalmente fue la sala Wolf de Barcelona la escogida
para verles. Nos prometieron una noche muy especial, y era fácil adivinar que
lo íbamos a pasar en grande.
miércoles, 23 de febrero de 2022
The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 5 (FINAL), 13/02/2022)
Al fin
un día sin excursiones, ni prisas, ni carreras, ni nervios a la hora de
levantarse. Tenía que ser precisamente el último del crucero, pero al menos lo
aprovecharíamos para alargar un poco más el sueño, nada de levantarse a las
7:30 como algunos otros días. Es algo que siempre pasa, pero aun así, fue
realmente increíble lo rápido que habían volado estos cinco días de festival,
por lo intensos que fueron, por todo lo que nos divertimos y nos reímos, por
las espectaculares e inolvidables actuaciones… hoy era el momento de echar el
resto, de llevar la resistencia física al límite del desfallecimiento. Nos
esperaba un buen cartel por delante. La mayoría de las actuaciones ya serían
repetidas, pero, ¿qué coño importa eso cuando teníamos entre ellas a los Stop Stop!, a Tokyo Motor Fist o a Slaughter?
Y sobre todo, por fin llegó el día de ver en vivo, sobre el crucero, al capitán
honorífico de este, el gigantesco Alice
Cooper y al líder de los Cinderella, Tom Keifer. Muchísima emoción,
especialmente, por ver la actuación de este último. Pero parece que, en los
pocos ratos en los que no había conciertos, cada subidón emocional llevaba
derecho a una hostia de las que duelen profundamente. Y es que, nada más abrir
los ojos, le echamos un vistazo a los horarios y ese fue, sin duda, el momento
más crudo y devastador de todo el festival al observar, atónitos, incrédulos y
llenos de rabia, que Tom Keifer había desaparecido de un plumazo del cartel,
dando definitivamente al traste con el conjunto de bandas que eran imprescindibles
para mí salvo contadísimas excepciones. La estocada final. En ese momento, me
caí otra vez a la cama de desánimo, y os juro que me dieron ganas de volver a
dormirme para no despertar ya hasta el desembarque.
Etiquetas:
Alice Cooper,
Firewind,
John Corabi,
Monsters of Rock Cruise 2022,
Slaughter,
Stop Stop!,
The Quireboys,
Tokyo Motor Fist
Ubicación:
Miami, Florida, EE. UU.
sábado, 19 de febrero de 2022
The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 1, 09/02/2022)
Aquel día, dejamos la casa a una hora bastante temprana, tal
como nos había indicado la propietaria. La estancia resultó fantástica, una
casa limpia, ordenada, y con todas las comodidades, conexión a Internet incluida.
Pudimos levantarnos, por fin, a una hora medio decente, pero tampoco teníamos
demasiado tiempo para volver a empaquetar las maletas y asegurarnos de que no
dejábamos nada olvidado. Teníamos unas horas ociosas en Miami por delante,
aunque nada comparado con el último día, que dejamos el barco a las 10 y
nuestro avión salía 12 horas después. Sea como fuere, tampoco debíamos
encantarnos, el horario de embarque era bastante estricto y, por otra parte,
ardíamos en deseos de estar por fin a bordo de ese coloso llamado Freedom of
the Seas. Por fuera resultaba realmente imponente debido a su enorme tamaño, y
teníamos muchísima curiosidad por ver sus interiores y orientarnos cuanto
antes, algo bastante complicado en mi caso jeje. La primera jornada, como tal,
del festival, estaba a tan solo un tiro de piedra, y se inauguraría con una
banda ‘sorpresa’ con la que veríamos en vivo y en directo zarpar el crucero
mientras vivíamos el primer show del día, de entre unos cuantos que teníamos
programados si todo salía bien. Al entrar a la cuarta planta del barco,
quedamos ojipláticos. Aquello es un puto palacio, literalmente. Escaleras de mármol,
lámparas de araña, unos balcones impresionantes, ascensores, moquetas,
decoración… una pasada, pero de primeras me dio la sensación de que aquello era
excesivamente pijeras para mí. De todas formas, uno siempre puede acostumbrarse
a esas comodidades, pero por encima de todo, mi interés primordial seguían
siendo los conciertos. Si eso fallaba, para mí fallaba todo, así qué, tras las
brutales cancelaciones ya sufridas, fui cruzando los dedos para que no hubiese
más. Desgraciadamente, no funcionó.