El
cuarto día sobre el crucero (ya quinto día de festival en total) fue,
posiblemente, el más peculiar de todos. En el principio de los tiempos (del
crucero) las excursiones extra incluidas en el viaje constaban de una parada en
la isla privada de Cococay y otra en Labadee (Haití). Si os digo la verdad, no
esperaba ninguna de las dos con demasiada ilusión, ya que me veía venir el
percal: perdernos conciertos a cambio estar tostándonos al sol sin hacer nada.
Pero unos meses antes de llevarse a cabo el festival, la organización hizo un
cambio respecto a otros años, una parada que sustituía a la de Labadee por la
de la isla de Cozumel, en México, que prometía ser mucho más activa y excitante.
El barco llevaba ya día y medio viajando hacia allí, desde el Sail away show
que hicieron los Lit el jueves. El tema del mareo, que tan mal llevé el primer
día de trayecto, ahora se había normalizado bastante. El sábado amanecimos en
Cozumel, donde ya teníamos contratadas las excursiones que haríamos a lo largo
de la mañana. Largas caminatas para ver unas zonas salvajes impresionantes,
manglares, cuevas, ruinas con sus iguanas tomando el sol incluidas y hasta
hicimos un poquito de snorkel… la verdad es que fue la hostia, y mereció la
pena muchísimo más que la isla de Cococay, que para mí fue simple y llanamente
perder valioso tiempo de conciertos. Esta vez también tuvimos que escoger entre
quedarnos a bordo o perdernos bandas como Bad Marriage (incorporación de última
hora en el cartel), Red Voodoo, Electric boys (que ya vimos el primer día) o
Nerd Halen, un atajo de ‘personajes’ vestidos en plan cutre versionando a Van
Halen (errr… sin comentarios). Así que sin duda mereció la pena hacer esta
exótica escala.