Pese a los malos augurios que me dio este Barcelona Rock
Fest 2022 de entrada por las caídas insustituibles y la falta de un buen nivel
organizativo (sobre todo, si lo comparamos con años anteriores), las buenas
actuaciones salvaron la papeleta del jueves y nos hicieron pasar un día realmente
bueno. El viernes de buena mañana, mi colega y yo afrontábamos una nueva
jornada que se presentaba de lo más excitante. En mi caso, algunas bandas que
nunca había podido ver en directo hasta esa tarde / noche, como Evil invaders, Orange goblin o los alucinantes Mercyful fate, me hacían especial ilusión. Un poco pasadas las
10:00 ya nos encontrábamos sentados en las mesas del parque exterior. Y vuelvo
a decir por enésima vez que es un puto lujazo que el Rock Fest se celebre en ese
recinto, en ese entorno tan verde y tranquilo, lleno de sombras y rodeado de
naturaleza, un pequeño oasis dentro de la ciudad de Santa Coloma a pesar de sus
enormes carencias en cuanto a zona de aparcamiento o acampada (algo que, por
otra parte, deberían solventar como sea en futuras ediciones). Llenamos el
buche con nuestra dieta especial (especialmente barata, quiero decir) de
bocatas de queso y mortadela (que fueron nuestra base alimenticia durante todo
el festival), ya que a partir de ese momento, y debido a los escandalosos
precios de la comida, apenas comeríamos nada dentro. Bien saciados y reposados
(también gracias al buen sueño que tuvimos en casa de nuestros anfitriones),
estábamos preparados al 100% para una nueva batalla. Una de las grandes
diferencias respecto al día anterior es que, durante el jueves, hubo muchas
nubes que tapaban el sol, y eso hizo más llevadero el terrible calor. Pero hoy
no íbamos a tener tanta suerte.