Me levanté aquel día con muchísima ilusión y ganas de mucho más. No iba a dejar que la ligera tristeza por el hecho de que este fuese el último día de un Leyendas tan esperado y disfrutado me afectase. De hecho, y a pesar de que el dolor en ciertas partes del cuerpo iba pesando ya un poco, en general me levanté bastante fresco, preparado para ver a todos los grupos que me echasen. Y por supuesto, íbamos a ir a por todas, planteando el día de la forma más extrema posible. Si en anteriores jornadas llegamos al Leyendas casi todos los días para ver al primer grupo, esta vez iríamos más allá, acudiendo a los conciertos que se iban a dar en el escenario de la zona de acampada entre las 14:00 y las 16:00 aprox., donde predominaría el Hard Rock melódico, y eso son palabras mayores para mí. Además, dos grupos que descubrí hace relativamente poco, ambos seguidos y muy atractivos para mi gusto. Por pedir, quisiera que me los hubiesen puesto otro día, quizá el primero o el segundo, pero las cosas son como son, y aunque sabía que empezar el Leyendas 3 horas antes me iba a pasar factura, no pensaba rendirme de ninguna manera. Terminaría el Leyendas hasta el final, por todo lo alto, o caería de rodillas en el intento, como siempre he hecho y siempre haré mientras me quede salud. Tuvimos tan poco tiempo aquella mañana que todo fue al trote. No pudimos comer en casa, ya que nos levantamos una hora antes de partir hacia el festival. Ya veríamos como sobrevivíamos. Con un poco de retraso debido a causas ajenas, Kurro, mi chica y yo llegamos allí muy justitos para el concierto de Hard Love y lo primero que hicimos, obviamente, fue posicionarnos para poder verles bien.
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miércoles, 23 de agosto de 2017
¡Comiéndonos el Leyendas! (Leyendas del Rock, sábado 12-08-17, Villena)
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Ubicación:
03400 Villena, Alicante, España
viernes, 18 de agosto de 2017
¡Comiéndonos el Leyendas! (Leyendas del Rock, viernes 11-08-17, Villena)
Entre el hecho de estar en el ecuador del esperadísimo y nunca suficientemente largo Leyendas del Rock y los gloriosos días de vacaciones que pensaba que no llegarían y a pesar del cansancio acumulado (que de hecho, era mucho más ligero comparado con otros festivales en los que he peleado menos), cada día me levantaba lleno de fuerzas y alegría. No puede haber una época mejor en todo el año, y hay que disfrutar cada segundo, desde levantarte sin madrugar para ir al puto trabajo, hasta esos momentos agonizantes de cansancio. Hay que ir a por todas. Y hoy era imprescindible encontrarse en buena forma. El problema, ya bien entrado en Leyendas, es que los conciertos acaban bastante tarde, y entre llegar a casa y acostarse, todas las noches se nos hacían cerca de las 5, con lo que el rato de antes de volver al Leyendas es siempre muy express. Al menos, no nos estamos chupando todo el calorcio de la zona de acampada, que al mediodía es una jodida parrilla del infierno. Una buena comida, copiosa a saco incluso forzada, nos dio energía para aguantar casi todo el día. Cuando nos reunimos con los colegas, apenas dio tiempo de hablar dos palabras seguidas: la actuación de Primal Fear nos llamaba, y no pensábamos fallar, aunque hablar del comienzo a las 16:30 de la tarde es bastante duro porque el calor arrasa con lo que pilla. Sin embargo, nos encontramos con un “pequeño” problema: una cola kilométrica (y no exagero) que recorría todo el “poblao” y se extendía casi hasta su entrada. ¿Pero que mierda es esto? Pensé en un primer momento: ya empezamos con putadas made in Leyendas… A aquel ritmo, difícilmente llegaríamos a ver la primera actuación, interesantísima para mí, por otra parte. A cada paso que daba me cagaba uno a uno en todos los santos del calendario.
jueves, 17 de agosto de 2017
¡Comiéndonos el Leyendas! (Leyendas del Rock, jueves 10-08-17, Villena)
O lo digo o reviento, jejeje. ¡Qué bien se duerme en casa! Levantarse, ducharse, desayunar sentado… que el Leyendas esté a 20 minutos de casa es algo que no tiene precio y que espero que no cambie nunca (aunque por supuesto continuaría asistiendo). Un placer inmenso no levantarse nadando en sudor y con la espalda reventada. Y por supuesto, con fuerzas para aguantar 10 días de festival si es necesario. Por suerte, la noche anterior nos acostamos a una hora decente. Yo, que no había cenado ni comido nada en más de 12 horas, me zampé un bocata de a metro y a sobar sobre las 2 y media de la madrugada, lo que nos permitió estar despiertos ya sobre las 11 del día siguiente. El primer día largo del Leyendas era sumamente interesante, con ciertas bandas que nunca he visto antes (y es que siempre queda alguna jeje) y algunas que sigo con devoción y he visto 6 o 7 veces mínimo pero no me importa volver a ver (cuantas más, mejor). Si el miércoles estuvo casi toda la tarde nublado, tirando a fresquito, hoy las temperaturas iban a subir ligeramente, con lo que el riesgo de lluvia era menor, y mejor para mí. Insomnium era el primer objetivo imprescindible, y había que cumplir a rajatabla con los horarios, por lo que tras un bañito rápido y la comida, nos fuimos cagando leches hacia Villena en busca de más emociones fuertes. Hoy sería un día con más colegas todavía, a quienes se añadirían Dani, Rafa, mi hermano, su chica y mi primo al batallón del Leyendas para ir a muerte siempre y darlo todo en cada concierto. Llegamos con el tiempo justo para hacernos un litrito fresco bajo la impagable sombra del toldo (el camping era una parrilla gigante) y acumular fuerzas.
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miércoles, 16 de agosto de 2017
¡Comiéndonos el Leyendas! (Leyendas del Rock, día zero, miércoles 09-08-17, Villena)
Está visto que, sea por A o por B, todos los años me toca hacer las cosas a última hora, deprisa y corriendo, para que no me pille el toro con el Leyendas del Rock. Mierda de trabajo… Menos mal que cuento con la inestimable ayuda de mi chica (a quien quiero dar las gracias por todo antes que nada), que se encargó de dejarlo todo bien dispuesto y preparado para poder sobrevivir en estos cuatro días que, normalmente, suelen ser los más duros y a la vez los más gratificantes de todo el año. Sí “hamijos”, de nuevo otra edición del Leyendas del Rock llamaba a la puerta, y no sabéis cuanto deseaba que por fin llegase este día, aun a sabiendas de que los cuatro días iban a pasar volando, casi como un sueño. Olvidarme del trabajo, de los problemas, volar a mi mundo de evasión, a la que ya por decreto puede ser considerada la tierra del Metal gracias a las 5 ediciones que lleva acogiendo ya la ciudad casi vecina de Villena. Y aunque suene a tópico y ya lo haya dicho más de una vez, cada año se supera, y este ha sido, probablemente, el mejor Leyendas de la historia para mí, y no solo (que también) por todos esos grandes colegas que he visto y con quienes he compartido en mayor o menor medida algún concierto, sino por los grupazos del cartel, por la incansable lucha para ver a todos los posibles (que es de lo que se trata un festival, de echarle huevos, no pasarse la mitad en la puta tienda y la otra mitad viendo los conciertos sentado frente a la pantalla), y por la sensación de gloria y de satisfacción que se me quedó una vez terminó la última banda.