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lunes, 18 de marzo de 2024

Let's get CRAZY!! (Monsters of Rock Cruise 2024, 5ª Jornada, miércoles 06/03/2024, Independence of the Seas)

El tercer día de crucero, con la parada en Cozumel, la excursión contratada, y el madrugón que me dejó hecho puré a la hora de soportar toda una dura e intensa jornada de conciertos, fue en sí mismo una contundente lección que aprendí por las malas. En esta quinta, y por desgracia última jornada, nuestro viaje se detenía el puerto de Nassau, capital de las Bahamas y principal centro cultural de las islas. La oferta de visitas y excursiones era abundante y ciertamente apetitosa, como visitar un santuario de tortugas marinas, entre muchas otras. Sin embargo, temiendo que me sucediese lo mismo que con la excursión del tercer día, y teniendo siempre presente que mi única prioridad absoluta en los festivales es ir a ver conciertos, y no permitir que nada interfiera en ellos, cancelé mi parte de la excursión programada. No quería correr el más mínimo riesgo que pudiese comprometer mi resistencia en aquel último día, donde el cansancio acumulado, además, ya era lógicamente considerable. Además el hecho de que el primer día pospusieran la actuación de mis amados Firehouse hasta primera hora de este último, fue definitivamente lo que me hizo tomar la decisión. Así pues, dediqué la mañana a holgazanear y tocarme los huevos todo lo que pude. Tras un reconfortante sueño (el más profundo de todo el viaje), bajé tranquilamente, sobre las 11:00, a por el desayuno, el último, con el que me pegué una hinchada bárbara. Imaginaos que, en el buffet, al ver cómo estaba mi plato de lleno, un tipo que estaba a mi lado me dijo, con cierta preocupación en su tono de voz: ‘you are eating too much, man…’ (estás comiendo demasiado, tío), a lo que le contesté que estaba hambriento como un perro callejero. Después, fui otro ratejo a estirar las piernas al camarote.

viernes, 15 de marzo de 2024

Let's get CRAZY!! (Monsters of Rock Cruise 2024, 3ª Jornada, lunes 04/03/2024, Independence of the Seas)

El día anterior fue una de las jornadas festivaleras más intensas y, al mismo tiempo, agotadoras que he vivido nunca. Un empalme continuo de bandas, desde las 11:30 que comenzó la primera, hasta casi las 3 de la madrugada, cuando tomamos el último tentempié tras Hardcore Superstar. Como podéis imaginar, estaba literalmente hecho trizas. Apenas me senté a descansar en todo el día, y disfruté de cada uno de los conciertos con toda pasión que pude, porque no sé hacerlo de otra forma. A la mañana siguiente, el crucero se detendría unas horas en Cozumel, México. Dicho paréntesis, que podría haber sido un placer, terminó siendo todo lo contrario para mí. Al hecho de que nos acostásemos rondando las 3 (por el dichoso retraso), hay que sumar que a las 6 debíamos estar en pie, y también el hecho de que solo conseguí dormir 1 triste hora en todo el rato (puto insomnio…). Cuando sonó el despertador, estaba hecho una puta mierda. Cogimos un ferry hasta la Playa del Carmen, cerca de donde visitaríamos las espectaculares ruinas de Tulum. Pero además de pillarme un mareo de la hostia en el trayecto, en el que casi echo hasta la primera papilla, llegué a Cozumel tan hecho polvo, que la excursión, a pesar de ser muy interesante, la viví en tal estado de duermevela por el sueño y el cansancio extremo, que apenas recuerdo nada. Entre haber dormido una sola hora, la reventada del día anterior, y lo que iba a ser este (con seis o siete conciertos obligatorios), las iba a pasar putísimas. Conclusión, y nota a mí mismo: no participar nunca más en excursiones. Un festival para mí, sea donde sea, es ir a hincharme a ver conciertos, y punto, no a malgastar energías en ninguna otra actividad, y menos si puede interferir en ello. Fin de la nota.

miércoles, 23 de febrero de 2022

The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 5 (FINAL), 13/02/2022)

Al fin un día sin excursiones, ni prisas, ni carreras, ni nervios a la hora de levantarse. Tenía que ser precisamente el último del crucero, pero al menos lo aprovecharíamos para alargar un poco más el sueño, nada de levantarse a las 7:30 como algunos otros días. Es algo que siempre pasa, pero aun así, fue realmente increíble lo rápido que habían volado estos cinco días de festival, por lo intensos que fueron, por todo lo que nos divertimos y nos reímos, por las espectaculares e inolvidables actuaciones… hoy era el momento de echar el resto, de llevar la resistencia física al límite del desfallecimiento. Nos esperaba un buen cartel por delante. La mayoría de las actuaciones ya serían repetidas, pero, ¿qué coño importa eso cuando teníamos entre ellas a los Stop Stop!, a Tokyo Motor Fist o a Slaughter? Y sobre todo, por fin llegó el día de ver en vivo, sobre el crucero, al capitán honorífico de este, el gigantesco Alice Cooper y al líder de los Cinderella, Tom Keifer. Muchísima emoción, especialmente, por ver la actuación de este último. Pero parece que, en los pocos ratos en los que no había conciertos, cada subidón emocional llevaba derecho a una hostia de las que duelen profundamente. Y es que, nada más abrir los ojos, le echamos un vistazo a los horarios y ese fue, sin duda, el momento más crudo y devastador de todo el festival al observar, atónitos, incrédulos y llenos de rabia, que Tom Keifer había desaparecido de un plumazo del cartel, dando definitivamente al traste con el conjunto de bandas que eran imprescindibles para mí salvo contadísimas excepciones. La estocada final. En ese momento, me caí otra vez a la cama de desánimo, y os juro que me dieron ganas de volver a dormirme para no despertar ya hasta el desembarque.

domingo, 20 de febrero de 2022

The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 2, 10/02/2022)

Nuestro camarote en el barco era bastante pequeño, no solo contando con las tres personas que dormíamos allí, sino también con todo el equipaje (también era el más económico, claro). Poco a poco nos organizamos para no parecer sardinas en lata, y de todas formas, tampoco lo usamos para mucho más que sobar. Al final, dos camas y una litera, más que suficiente, ya que cada día llegábamos más y más reventados a la habitación. La limpieza diaria era correcta (aunque a veces toqueteaban más de lo debido), y cada día nos encontrábamos con una nueva sorpresa en forma de animal hecho con toallas (sí, tal cual) sobre nuestras camas, al que además le ponían el primer par de gafas que encontraran por la habitación. Era uno de esos momentos que te sacaban unas buenas risas, de entre los muchos que encontramos durante el crucero, por ejemplo mogollón de gamberradas, como cambiarsto el número máximo de personas por ascensor de 5 a 100 (realmente se acercaba más a la realidad jejeje) o pegarles ojos de plástico a todos los cuadros que había por los pasillos. Amigablemente, la organización te incitaba a personalizar la puerta de tu camarote, y había auténticas obras de arte, desde complementos que podías tomar prestados para hacerte fotos con ellos hasta fotos con artistas, imágenes de otros años o publicidades varias. Lo cierto es que el ambiente que se respiraba era fenomenal, mucho colegueo y mucha familiaridad en tono alegre. Es algo que hubiese disfrutado mucho más de no estar tan abatido por las cancelaciones diarias… Sea como fuere, aquel segundo día llegamos a las Bahamas, a la paradisíaca isla de Cococay, y había que pegarse un madrugón de padre y señor nuestro, por si no fuera poco el cansancio acumulado que llevábamos ya.

lunes, 24 de marzo de 2008

El último año en Atarfe (Atarfe Rock 2008, Sabado)

Y otra vez en pie, sin apenas dormir y habiendo pasado mucho frio, nos fuimos de compras a Atarfe, pues la botella de vodka había sucumbido en 2 horas y solo entre dos personas. Un pueblo pequeño, pero con cojones para montar un festival tan guapo. El coliseo de Atarfe era un recinto cerrado, bastante pequeño y polvoriento. En ningún momento llego a llenarse, aun así, creo que lo prefiero a la nave donde se celebraba en anteriores ocasiones. Algún grupo había que perderse para comer, así que sintiéndolo mucho, sustituí a los fantásticos Angelus Apatrida (que recomiendo a todo el mundo que aun no les conozca, son cojonudos, de verdad) por una buena botella de vino y una abundante comida a base de costillas y alitas de pollo.

Ahora sí, con el estómago lleno a reventar, entramos al recinto y de camino al mercadillo vimos un ratillo a los Korpiklaani que era un grupo que a priori no me llamaba mucho la atención, aunque desde luego llevaban la fiesta en la sangre, puro folk-metal, aparte de muchísimos instrumentos vikingos como violines y teclados que sonaban algo extraños. Molaba, porque parecían recién salidos de una cueva en medio del bosque xD y le pusieron la nota de fiesta a la mañana con tanta gente encima del escenario sin parar de bailotear alegres melodías.

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