El jueves fue uno de los días más relajados del festival. Me levanté sobre las 10, bastante tarde si consideramos que el resto de días no se podía estar dentro de la tienda pasadas las 8 de la mañana. Con todo, me perdí la excursión al río, pero aproveché el tiempo para desayunar como es debido y patear un rato los caminos de Metalcamp, hasta que encontré a mis colegas Santi y Jose.
Korpiklaani. Hasta las seis y media de la tarde no había nada en el cartel que me interesase. En realidad no había escuchado a las bandas anteriores, así que mi (nuestra) primera parada fueron los Korpiklaani, que demostraron estar sobrados de energía, alcohol y alegría, una alegría que inmediatamente después de comenzar a tocar ya transmitieron al público. No les resultó nada difícil ayudándose en sus temas, ideales para saltar, bailar e incluso, como sucedió constantemente, formar largas filas de gente en plan conga, con un objetivo común: disfrutar de un concierto que fue todo fiesta y desparrame.