Si ya expliqué en la crónica del viernes que la noche se alargó hasta horas indecentes, el día no tuvo tanta paciencia, y tras haberme dormido sobre las 7 de la mañana, sobre las 9 ya notaba las gotas de sudor caer a saco. No pude dormir más que un par de horas, y eso con el día tan largo que nos esperaba podía ser brutal. Pero como siempre digo, hay que ir a muerte, pase lo que pase, en el cartel muchas bandas interesantes y sobre todo al principio del día, así que había que echarle huevos. Menos mal que nuestros vecinos nos acogieron en su carpa y pudimos tener un rato de charla a la sombra (aunque el insoportable calor seguía ahí) y descansar un poco más antes de la batalla. Pasadas unas pocas horas, sin pensarlo dos veces, Josele, Alberto y yo emprendimos la marcha, los 30 o 35 minutos que nos separaban del recinto de los escenarios a paso ligero con un calor de mil demonios y ya bastante cansados por el poco sueño y la tralla que nos metieron el día anterior bandas como Oker o Hamlet. No había empezado todavía la jornada festivalera cuando llegamos a los escenarios, y de hecho, al poco tiempo de empezar Magnum 44, todavía no había ni un alma esperando en primera línea, algo por otra parte de puro sentido común. Como digo, el calor era sofocante, y se hacía todavía más patente sobre aquella zona asfaltada con apenas un chorrito de agua para refrescarse y los puestos con sombra abarrotados. Conseguimos unas sillas y huequecito y ahí nos quedamos tomando unas cervezas y esperando a que empezara la caña para paulatinamente emerger de allí e ir a saco cuando la temperatura se hiciera más llevadera, aunque algún pesado se empeñara en no dejarnos disfrutar tranquilos de nuestra movida.