Lo
acontecido en León este reciente fin de semana ha sido, pasando de eufemismos,
algo muy, pero que MUY grande, y con toda seguridad, inolvidable. Algo que, aun
sin saberlo a ciencia cierta, creo que ha tenido muy pocos o ningún precedente
en la capital leonesa relacionado con el mundo del Rock. Muy pocas veces me he
recorrido (aunque afortunadamente, aquí tuve al lado a mi chica) tantísimos
kilómetros, más de 700, y casi 7 horas de coche, para asistir a un evento, pero
lo que nos ofrecía tanto el viernes como el sábado, bien merecían el
sacrificio. Un auténtico caramelo, demasiado irresistible como para dejarlo
pasar. Obviamente, nuestro objetivo principal era el Lion Rock Fest, festival
celebrado en el mismo centro de la ciudad, con un cartel de esos que te hace
abrir los ojos de par en par, y te imanta hacia él sin remedio. Pero es que,
aparte, hubo mucho más. Aprovechando este alucinante festival, y con el apoyo de
la organización, dirigida por el promotor, músico y artífice de esta gran
proeza, Chus “Chuspy” Marcos, como programa de actividades complementario
(forma elegante de decir ‘más conciertos a mansalva’) tendrían lugar, sin salir
del núcleo urbano, otra serie de actuaciones de gran calibre, y casi tan
apetecibles como el propio festival. Pero es que, al margen de todos estos
conciertos, por pura casualidad, también tenía programada su celebración, para
este mismo fin de semana, el Spooky Fest, un festival itinerante de dos días que
alcanzaba ya su tercera edición, y cuyo principal atractivo, para mi gusto,
eran los avilesinos Leather Boys,
banda que ha participado justamente en todas y cada una de las ediciones.
Puesto que estuvieron implicados tres recintos en los distintos eventos, he
preferido hacer tres crónicas distintas para darles voz de forma independiente.
¡Arrancamos!