No hay nada como un reposado y conciliador sueño para soportar todo un día de festival en este Rock Fest con garantías, ya que puede suponer entre 8 y 10 conciertos y esto al final se nota. Amanecimos relajados y muy contentos por el simple hecho de estar allí, a 10 minutos de otro gran día de festival, lleno de vivencias y emociones de grandes conciertos que abarrotaban el cartel del sábado. Obviamente, la banda que brillaba hoy con luz propia eran los británicos Iron Maiden, cabezas de cartel de cualquier festival que tenga la suerte de contar con ellos, y le pese a quien le pese, de forma muy merecida, aunque también es cierto que no solo de Maiden vive el hombre, ya que no estaban precisamente solos en la lista de grandes grupos, aunque parece ser que, tristemente, mucha gente no pensaba lo mismo, ya que hubo muchísima peña que solo compró la entrada del sábado para verles a ellos. Con esa actitud, mal vamos. La cuestión es que con auténticas bestias como Overkill, Loudness, Doro y sobre todo, mis idolatrados Rata Blanca, el cartel ofrecía muchísimo más que un solo concierto, por muy rimbombante que fuese su nombre. La mañana empezaba a coger ritmo. Puesto que el primer día se nos agotaron varios tipos de suministros, pasamos por un super y nos aprovisionamos de todo lo que podía sernos útil en el festival, y a ser posible, que nos dejaran entrar, ya que la seguridad era bastante estricta, algo normal hasta cierto punto por la gran cantidad de gente que acudiría aquella jornada (la más concurrida, sin ninguna duda) a disfrutar del Rock Fest. Una birrita bien fresca fue nuestra acompañante hasta la misma puerta, que personalmente, no volví a cruzar hasta que salí por la madrugada.