… Y como dije en mi más reciente crónica, la cosa no acabó ahí ni de lejos, la salida de la Garaje Beat Club, satisfechos y contentos por el conciertazo que dieron los israelíes Orphaned Land y Subterranean Masquerade no fue sino el primer plazo de una noche que aun nos depararía más música, mucha más tralla y grandes sorpresas, y lo mejor de todo, casi sin buscarlo. Tras nuestro paso por el bar, después de tomarnos tranquilamente unas cuantas birras y ponernos (más aun) a tono, nos dimos cuenta que todavía faltaban unas cuantas horas para que finalizara el otro concierto de la noche, el Unholy Sabbath III, organizado por el colectivo Heavy Metal Espectros, veteranos y profesionales como siempre, que juntaba, como no podía ser de otra manera, a cuatro bandas extremas de gran nivel y algunas de ellas con gran reconocimiento ya por la de años que llevan en la brecha, como los Mortis Cruentus y los gallegos Balmog. Ante el tiempo ocioso que teníamos por delante y ciertas necesidades fisiológicas, pensamos ¿y por qué no entrar a este también y hacer un doblete brutal? Había muchos factores a favor y muchas indicaciones de que debíamos hacerlo sin dudar, aunque lo cierto es que, por desgracia, nos decidimos muy tarde a hacerlo, y casi tres de las cuatro bandas que formaban parte del cartel ya habían terminado su actuación. Una verdadera lástima… aun a día de hoy me pregunto por qué me lo pensé tanto. Pero más vale tarde que nunca. Ante un gran estruendo, nos situamos en la puerta y pagamos rigurosamente la segunda entrada de aquella noche, que nos daría el pase al más profundo de los infiernos entre blastbeats, oscuridad y gritos demoníacos y a reencontrarnos con nuestra colega Elena que andaba por allí.