
Trece
largos años han pasado ya, que se dice pronto, de la primera celebración del
festival Rock Arena. Aquel cartel ya apostó fuerte, albergando a bandas tan
reconocidas como Centinela, Sphinx o Koma, y desde entonces, la localidad
alicantina de San Fulgencio se ha convertido en un punto de parada casi
obligatorio, año tras año, para todos aquellos aficionados al Heavy Metal deseosos
de disfrutar de una noche de ambiente caluroso, familiar, al aire libre y, para
redondear la jugada, siempre gratuito, salvo en la edición del 2013. Sin ser un
festival de grandes masas (algo que incluso se llega a agradecer), el Rock
Arena casi siempre cuenta con su público fiel. El que suscribe no ha estado en
todas las ediciones, pero sí en la mayoría, y algo que siempre han tenido en
común dichas noches, ya sea solo o con distintos colegas, es que siempre me han
dejado un montón de grandes momentos, siendo testigo, además, de su evolución,
sus cambios de recinto, sus distintos formatos, y de la gran cantidad de grupos,
de tan diversa índole, que han pasado por allí. Otro de sus grandes alicientes,
es la garantía casi total de encontrarse, a cada paso, con caras conocidas. Obviamente,
ha habido carteles que me han gustado más que otros. Sin embargo, en este 2025,
cuyas noticias, por cierto, llegaron bastante tarde, vi un cartel realmente
interesante que no me quería perder, sobre todo, por esos dos pesos pesados que
son
Avalanch (a quienes hacía tiempo
que no tenía la ocasión de ver) y los siempre triunfales
Vhäldemar, que para mí eran el auténtico valor añadido de este año.
Más vale tarde que nunca, dicen, así que con tan solo unos pocos días de
antelación al evento, mi colega Kurro y yo decidimos que tocaba acercarse un
año más.