Noviembre
del año pasado fue la última vez que pisé tierras alicantinas en clave de Rock.
Pero todavía más tiempo hacía que no me acercaba por la zona del polígono
Babel. El cierre de la sala Babel fue para mí, y para mucha gente, un durísimo
golpe cuya herida no ha dejado de doler desde entonces. Así, a finales del 2022
(aunque hubo varios conciertos posteriores), celebré mi particular despedida de
una sala a la que casi llegué a considerar mi segunda casa, y además, por todo
lo alto, con mis idolatrados Jolly Joker arrasando el lugar. Dicho adiós no
solo fue un varapalo muy difícil de asimilar para todos aquellos que, mes tras
mes, nos reuníamos allí ávidos de conciertos, sino también, y esto es algo más
grave todavía, para el Metal en Alicante. Si la ciudad anda de capa caída desde
muchos años a esta parte en cuanto a eventos del estilo y sus sub-géneros, el
cierre de la Babel fue sencillamente otro clavo en el ataúd de la movida
alicantina, cuya salud atraviesa uno de sus peores momentos. La apertura de la
sala Marearock, en la misma ubicación y local, fue un rayo de esperanza, aunque
por desgracia, perdí rápido la ilusión al ver que su agenda, en lo que respecta
al Rock, se enfocaba mayormente en el punk nacional, un género que apenas me
interesa. Al menos, no lo han convertido en un antro de porquería reggaetonera,
lo cual ya de por sí es buena noticia. Sin embargo, este viernes cambió
radicalmente la cosa, celebrándose allí mismo, al fin, un concierto que reavivó
mis ganas de volver. Se trataba de la actuación de la que para mí es una de las
mejores bandas de Heavy Metal nacional en la actualidad, los valencianos Opera Magna... y por nada del mundo pensaba
faltar a la cita.