Y qué inmenso placer llegar
a casa y poder recalcarse a uno mismo… ¡por fin se ha celebrado otro Rock
Arena! Después de mi último paso por este festival tan querido en el año 2018
(el último que se celebró hasta la fecha, ya que la edición 2019 tuvo que
cancelarse por motivos de fuerza mayor… y luego ya todos sabemos la desgracia
que vino…), solo puedo decir que ha resultado ser una noche increíblemente
maravillosa, de esas que por sí solas pueden marcar un verano, compartida con
un gran grupo de colegas (si es que, al final, nos conocemos casi todos jeje),
algunos de ellos a quienes no veía desde hacía años, y bandas de primer nivel
en un festival tan entrañable que, como siempre, se celebró de forma totalmente
gratuita en la localidad de San Fulgencio, en el fantástico recinto del Mercado
Marina, ideal para este tipo de eventos. Puede que no fuese un cartel de ensueño
para mi gusto (al menos, respecto a otros años), o que a nivel organizativo se
le pudiese sacar alguna que otra pega, pero desde luego, mi enfoque en la
crónica va a ser totalmente positivo, porque fue así como lo viví. Obviamente,
aquí mi principal cebo para acudir a la cita fueron los Jolly Joker, ídolos valencianos a quienes ni siquiera me cuestiono
ir a ver siempre que puedo, pero es innegable que también disfruté como loco de
actuaciones que nunca hay que dejar de lado, como la de los alemanes Equilibrium, incluso también lo hice
con bandas desconocidas para mí, como los catalanes Drakum (de hecho, para muchos, una de las actuaciones más
sorprendentes de todo el festival) o de quienes se alejan mucho de mis gustos
musicales, como Morphium, que dieron
un espectáculo de quitarse el sombrero.