Mala
racha, últimamente. A pesar de la enorme cantidad de conciertos que se han
prodigado en estas últimas semanas, y de lo aparentemente bien y rápido que se
está recuperando el mundo de la música en directo tras esta desesperante y
maldita pandemia, no las he tenido todas. Cancelaciones (y bastante dolorosas),
gastos imprevistos y paupérrima economía, ofertas de ensueño rechazadas por
tema de viaje / curro… la cuestión es que ha pasado nada más y nada menos que
un mes desde que pisé mi última sala de conciertos. Y eso no me mola un duro.
Pero este pasado viernes se daba que era mi cumple, que los 40 solamente se
cumplen una vez, y por mis cojones que iba a ser una noche especial y la iba a
exprimir al 100%. Y así fue, tal cual, pero elevada a la enésima potencia. Pasé
más de la mitad del día en tierras murcianas, donde para comenzar de forma
inmejorable la tarde, me reuní con dos buenos amigos para echar una sesión
nostálgica de videojuegos que se alargó durante unas cuantas horas y aún me
pareció corta (hay que repetir). Y por la noche, llegó para mí el plato fuerte.
Sala, ambiente, música, excelente compañía, todo estaba dispuesto, e incluso
antes de dar comienzo el show, ya me había compensado sobradamente el tener que
ir a Murcia más solo que la una (para variar). Además, el artista principal que
actuaría no iba a ser cualquiera, sino uno de los referente imprescindibles de
nuestra provincia y más allá en cuanto a Rock’n’Roll, el gran Frank Suz (Gang Bang 66, Babylon
Rockets, Doctor Voltaje, etc., etc.), sin duda una de las mentes más creativas y
activas que ha habido de nuestro rollo en la zona. La Sala Revólver, en pleno centro
de la ciudad, sería la anfitriona del esperado evento.