Amanece por tercera vez, en realidad, cuarta si contamos el miércoles en que llegamos a esta tierra sagrada. Contrastando con el terrible frio que hizo la noche anterior, se agradece enormemente el intenso calor que golpea Wacken en este día. Las fuerzas estaban algo mermadas ya después de tanta traca, pero como ya dije, para mí el día fuerte del festival era sin duda hoy. Aun conservaba cierto mal sabor de boca después de la putada de la noche anterior de no poder haber visto a Ihshan (ni a Slayer ni a 1349… en fin) uno de los pocos, por no decir el único fallo que vi en esta edición de Wacken. Sin embargo, conociendo el espíritu del festival, no dudo que hubo buena voluntad en el acto. Pero nada puede superar a esa sensación de bienestar de abrir los ojos, levantarte con calma y saber que estas en Wacken, la capital mundial del Metal, sobre un manto blandito de césped y que nada o muy pocas cosas pueden salir mal, donde nada se deja al azar, algo que jamás se tiene en los festivales españoles, sea el que sea.
La cuestión que interesa es que tenía un amplio abanico de bandas para elegir y aunque ya llevaba mi running order personalizado, todavía había muchas dudas y elecciones inciertas. Los franceses Nightmare comenzaron prácticamente a la hora que me estaba levantando, así que se quedaron fuera de la selección. También los Unleashed, a quienes ya vi hace unos años y me parecieron bastante buenos y pura tralla en directo, pero que esta vez no pudo ser por la hora tan relativamente temprana a la que tocaron. Así de paso aproveche para comer algo, porque sabia que una vez cruzara la entrada del recinto, ya no volvería a salir a comer. Era un día muy duro y había que ir con buen avituallamiento en el estomago y un par de red bull entre pecho y espalda. Y una vez saciado de comida (todo lo que puede saciarte un fuet y unas ensaladillas de pasta), a la batalla, a morir.