Aaaaaarrancamos la última jornada de este Leyendas del Rock
2022, con las fuerzas algo tocadas pero la ilusión al máximo, y contando esta
vez con un factor que siempre hace que me venga arriba a pesar del machaque: el
hecho de que sea la última jornada, de que nuestro Leyendas vaya a terminar en
tan solo unas horas, después de dos años esperando a que se celebrara una nueva
edición, me daba unas ganas tremendas de pelear hasta el mismo final, hasta caer
de rodillas si hiciese falta, porque el festival lo vale, y además, el cartel
que se presentaba hoy por delante prometía ser bastante agotador, con una
retahíla de bandas empalmadas una tras otra que, literalmente, no me iban a
dejar ni cinco minutos para descansar a no ser que hiciese alguna concesión… y
al final no fue el caso. Vi incluso las bandas que menos interés tenían para mí
de aquel sábado, una maratón de bandas extenuante hasta el límite que nos
llevó, a mi colega Kurro y a mí, desde los primeros Wig Wam hasta los Angelus
Apatrida, quedándose tan solo Leo Jiménez en el tintero y lógicamente
ignorando tributos y grupos chorra que me dan más ganas de llorar que de reír.
En el escenario del camping, resaltaban para mí unos Orion Child que finalmente
me quedé con las ganas de ver; ese fue el único sacrificio del día. El resto, a
piñón fijo, intentando exprimir hasta el límite un Leyendas que, en cómputos
generales, ha sido absolutamente bestial. En este sábado, encuentros con
mogollón de colegas, 7 conciertos completos (seis de ellos seguiditos) y todos
en los escenarios grandes, buen sonido en general y un público que lo dio TODO,
llegando a ser exagerada (incluso molesta) la cantidad de circle pits, walls of
death y demás burradas que se llegaron a ver.