Las
asoladoras temperaturas fueron, sin duda, uno de los principales obstáculos
contra los que tuvimos que pelear a capa y espada durante todo el día del
viernes. Para el día siguiente, se esperaban todavía peores, por lo que tocaba
embadurnarse bien con protector solar y tomar las precauciones adecuadas. Como
ya dije anteriormente, son unas cuantas las mejoras que la organización debe tener
en cuenta si quiere que este nuevo Rock Imperium vaya hacia delante, algunas
con las que, más o menos, pudimos lidiar, otras bastante molestas, y otras
intolerables. Sin embargo, incluso dejando todo esto al margen, en la segunda
jornada del festival la decepción aguardaba… y no nos podíamos imaginar hasta
qué punto. No voy a empezar a repartir puñaladas, porque creo que nadie salvo
unos pocos privilegiados saben a ciencia cierta qué cojones es lo que pasó
realmente, y ni Madness Live me han decepcionado (al menos, no al mismo nivel
de otros promotores usureros y caraduras), ni tengo nada negativo que decir de
ninguna banda. Como es habitual, afronté el día con muchísimas ganas, energías,
e ilusiones a tope. Pero estas no iban a durar demasiado. Tan pronto accedimos
al recinto echamos un trago,
conversamos, visitamos los puestos y esperamos ansiosamente a que todo
arrancara… todo pintaba perfecto… pero el comunicado que se emitió por las
pantallas, anunciando rotundamente que Whitesnake no iban a tocar, fue un
hostiazo a mi estado anímico que, a día de hoy, todavía no he podido superar
del todo. Faltando el grupo por el que concretamente me había decidido a
comprar la entrada, todas las expectativas estaban ahora llenas de mierda.
Cabizbajo, amargado y sin ganas de absolutamente nada, llegué a pensar en coger
el coche y largarme a casa, y a tomar por el culo el Rock Imperium.