Hay
conciertos que llegan casi de puro rebote, y este que paso a relatar, con todo
el detalle habitual, fue uno de ellos. Una de esas noches (o tardes, en este
caso) en las que, sencillamente, apetece de una forma irrefrenable pasar un
gran rato, de los que siempre quedan en la memoria, con Heavy Metal sin tregua.
Este sábado, las ganas de ver Alacrán,
Destral, y Frenzy (una de mis bandas favoritas de la escena actual del Heavy
Metal nacional) ganaron a esa vocecilla que me grita últimamente “no te lo
puedes permitir”, para salir hacia Valencia repleto de ilusión (aunque eso
nunca falta) y sobre todo, mucho síndrome de abstinencia tras un mes entero sin
poder ir de concierto. Claro que, el hecho de ir acompañado por mi chica,
compartir gastos, y el reducido precio del concierto (15 pavetes), también
fueron de una ayuda considerable. Un cartel cojonudo, con nombres que
aseguraban una buena sesión de fiesta de las que te recargan esa tan necesaria
electricidad que nunca debe dejar de correr por las venas. Llegar a la capital
valenciana fue, como siempre, cuestión de paciencia y buena música, pero
aparcar ya fue otra historia. Meterse en pleno barrio del Carmen, donde se
encuentra el Peter Rock Club, habría sido un suicidio para a mi descomunal
ansiedad al volante, así que optamos por aparcar en los el otro lado del río
(lo cual tampoco fue precisamente fácil…) y darnos un garbeo a pie hasta allí. Por
desgracia, tanta puta vuelta, y el hecho de haber salido de casa con el tiempo
pegado al culo, hicieron que llegásemos un poco tarde al primer bolo de la
jornada, algo que siempre me da mucha rabia, aunque eso no nos impidió catar
como se las gastan los zaragozanos Alacrán
en directo durante aproximadamente medio concierto.