
El viernes, no tenía escapatoria por ninguna parte. Aquello de entrar más tarde al festival aprovechando para un descanso extra en casa, o pirarme pronto por falta de interés en las últimas bandas, quedaba completamente descartado. Los horarios y los gustos personales son así de caprichosos a veces, y desde primera hora, desde las 16:50 de la tarde, hasta bien pasadas las 3 de la madrugada que volvíamos a casa, el cartel contaba con algunas bandas totalmente imprescindibles para quien suscribe. Abría la jornada Chez Kane, y teniendo en cuenta la escasísima representación del Hard Rock en esta edición del 2026 (bueno, más bien en todas…), perdérsela no era una opción en absoluto. Y para terminar, casi a las dos, ¿cómo iba a dejar de ver a mis idolatrados Dark Moor, aunque el cansancio me estuviese aniquilando ya? Lo cierto es que fue un concierto que me dejó una sensación más agria que dulce, pero de eso, ya hablaré después con toda la extensión y tacto posible. Aquella mañana me levanté bastante entero, mucho mejor de lo que esperaba. Seguramente, al haber sido el jueves una sesión relativamente light, las fuerzas se recuperaron rápido, pero en el presente día, también iban a quemarse hasta sus últimas consecuencias. Por suerte, una vez más, contábamos con bastantes comodidades en nuestro tinglado de acampada, lo cual ayudó lo suyo a aguantar, con bastantes ratos de colegueo, risas y conversaciones musicales con peña de alto nivel, de las que tanto me gustan a mí. A mediodía, ni siesta, ni hostias. Fue levantarme, comer rapidito, dejar a mis ‘bichos’ arreglados para todo el día, y salir cagando leches hacia Villena. Y aunque al final no vi a todos los grupos que tenía previstos (perderme el último concierto de Against Myself es algo que aún me duele), fue bastante agotador.