El pasado fin de semana… se puede considerar que fue de lo más tranquilito, solo dedicado al relax y a hacer el vago merecidamente (que también hay derecho, que cojones). Sin embargo, contrasta con el anterior, en el que a nivel de conciertos no hubo ni un momento de tregua. Así es, y aunque esta crónica llegue un poco tarde, el viernes 18 y el sábado 19 hubo doblete de conciertos, disfrutando además de dos de mis bandas nacionales favoritas a las que sigo desde prácticamente toda su carrera con auténtica devoción, dos valores seguros en conciertos. Y es que, aunque se juntaron los dos en el mismo fin de semana, no tengo el porqué privarme de este capricho (o más bien necesidad para mí) por nada del mundo a pesar del desembolso extra que supone; bastante jodida es esta puta vida ya como para no hacer lo que a uno le hace feliz de verdad. Lo que está más que claro es que en ambos disfruté como un cerdo, con mi chica a mi lado en ambos y con mi hermano y mi colega Kurro (que además, tuvo los cojones de venir con el brazo en cabestrillo, bravo) en uno de ellos. Empecemos por el viernes pues, acompañado por toda la tropa, dirigiéndonos hacia la sala Fussion, que ya he visitado unas cuaaantas veces en estos últimos años. La banda que haría temblar sus cimientos en esta ocasión volvería a ser Hamlet a quien, curiosamente, ya he visto este mismo año en esta misma sala allá por Febrero si mal no recuerdo, lo cual es simplemente anecdótico, ya que para mí repetir siempre es un placer y más si hablamos de una banda con tanto calibre como los madrileños. Y es que cuando me pongo delante de un escenario en el que van a aparecer ellos, lo hago con la misma ilusión que la primera vez que les vi, allá por el 1998, con la gira del “Insomnio”.