
Tras
unos cuantos años salteando la asistencia a uno de los festivales que más
renombre se ha labrado en la zona de la Vega Baja, al fin puedo decir que he
empalmado dos ediciones seguidas, algo que no ocurría desde la cuarta y quinta
(2015-2016). Y es que si lo del año pasado, con Avalanch y Vhäldemar entre
muchos otros, era de lo más apetitoso, lo de este era sencillamente irresistible.
Para mí,
Jolly Joker, en cualquier
cartel que me pueda permitir, implica presencia obligatoria, y más si hablamos
de un festival al que tanto cariño he cogido con el paso de los años, y la
ingente cantidad de bandas que allí he disfrutado. Un festival que nunca ha
perdido sus costumbres, que ha hecho algún ligero amago de crecer (contando, en
su celebración del 2015, con los titanes de la Bay Area Death Angel), pero que
siempre ha apostado por apoyar sobre todo a nuestras bandas, en casi todas sus
facetas y estilos. He de insistir en que nunca debemos dejar de valorar el
hecho de que se siga llevando a cabo por esta zona un evento de estas características.
Un cartel interesante, un recinto lo suficientemente amplio, profesionalidad en
su organización, y además, con un aliciente extra que se ha mantenido en todas
salvo en su segunda edición: 100% gratuito. Otro año más, la colaboración entre
el Ayuntamiento de San Fulgencio y la promotora On Fire Promo comandada por el
gran Tomás Quilez (con quien tuve el gusto de charlar unos instantes), ha dado
sus frutos en forma de esta gran fiesta ya imprescindible para muchos,
concretamente, la decimotercera. Porque Rock Arena, incluso más allá de un
evento para dar voz a la escena de nuestro rollo, es un punto de reunión
perfecto para el reencuentro entre colegas, y eso también cuenta.