A aquellos que llevamos ya unos cuantos añitos en esto del
Rock, es complicado que consigan colárnosla con el tan traído y llevado tópico
de las giras de despedida que, inmediatamente después de finalizar, resultan no
ser más que otra estrategia comercial para llenar salas o estadios. Y, sin
embargo, hay ocasiones como esta en las que, aunque dudo horrores que no
vuelvan a reunirse nunca más para pisar un escenario, merece la pena de todas,
todas. Este marzo que ya ha pasado a mejor vida empezó para mí de la forma más
increíble que se pueda imaginar, con el colosal e insuperable Monsters of Rock
Cruise en Miami, y continuó con el bolazo que dieron los Supersuckers junto a
Frank Suz en el Loco Club de Valencia. Se podría decir que, tras aquellas
fortísimas emociones, el mes terminaría ya sin ninguna gran sorpresa… ¡pero no!
De hecho, todavía restaba un distinguido concierto que, a buen seguro, habrá
sido de lo mejor que he visto y voy a ver en todo este año. Una banda que
significa mucho para mí y que, como digo, se preparaba para darnos el último
adiós, tras 9 discos de estudio, una incontable lista de grandes éxitos mundialmente
reconocidos, y 30 años de carrera. Mr.
Big es una súper banda monstruosa, en el mejor de los sentidos, y nadie en
su sano juicio que les adore como lo hago yo se podía perder esta sagrada
ocasión de verles (supuestamente), por última vez. Los nombres de Eric Martin,
Paul Gilbert y Billy Sheehan han sido escritos con letras de oro en la historia
del Hard Rock universal, indelebles, inmortales, entre los mejores músicos del
mundo en sus respectivas habilidades, y claro, este The Big Finish Tour ha
hecho correr ríos de tinta desde el momento en que se anunció.