Recuerdo, unas semanas antes de acudir al Rock Imperium 2024,
celebrado en Cartagena el pasado junio, que los 26 o 27 grados de máximas que
preveían los servicios meteorológicos me parecieron aceptables… hasta que
llegué allí y me asé a la parrilla ya desde el primer día. No quería ni
imaginarme lo mal que lo iba a pasar en este Leyendas, cuando a las susodichas
temperaturas había que añadirle 10 grados extra para la ocasión. El primer día,
miércoles, fue jodidamente devastador. Y no solo me refiero al extremo calor
que asoló Villena aquella jornada, sino a la maratoniana retahíla de conciertos
que fui empalmando, de principio a fin. Las insoportables temperaturas tampoco
ayudaron, y el cansancio que acumulé fue mucho mayor de aquel con el que
habitualmente suelo terminar cada día de festival. Y eso fue algo que me dejó
K.O. al final del día. Aunque claro, comparados con los más de 45 grados que
nos golpearon el año pasado… casi parecía algo llevadero. Sea como sea, había
que seguir peleando hasta el final, vencer o morir, y el segundo envite de este
Leyendas del Rock 2024, aunque para mí no era tan suculentamente apetitoso como
el del día anterior, también ofrecía un buen puñado de bandas, algunas ya
vistas, otras nuevas, que no dejaron de motivarme a darlo todo… y a seguir
enlazando conciertos. El día anterior se nos unieron, a mi amigo Kurro y a mí,
nuestras colegas Marta y Lucía, con quienes fue un puto placer compartir varios
momentos de este festival. La cosa es que aquella mañana me desperté más fresco
y dispuesto de lo que pensaba, pese a la enorme paliza en todos los sentidos. Y
por supuesto, también me encontraría en Villena con muchos más colegas que le
pondrían ese extra de salsa a la jornada.