La noche del miércoles llegué a casa antes de la hora prevista
(prescindiendo del concierto de In Extremo), pero con un nivel de cansancio peligrosamente
mayor del previsto. El madrugón, los nervios, y el insomnio de esa misma mañana
me jugaron una mala pasada, y fue algo que me pasó factura. Para colmo, el
jueves, este segundo día de festival, tuvo un factor con el que yo no contaba.
Justo al lado de la vivienda, se estaban llevando a cabo obras, por lo que, por
mucho que quise estirar hasta el mediodía en la cama, a las 8 tenía ya los ojos
como platos. En fin… descansé todo lo que pude y tras prepararme el ‘condumio’
de papeo para sobrevivir la jornada, emprendí la marcha hacia el Parque del
Batel a paso lento, con muchísima ilusión, pero con dudas sobre en qué estado
terminaría la noche. Sea como sea, a muerte siempre. Por desgracia, la cosa en
cuanto al clima no pintaba bien. Las nubes que de forma continua (incluso
regalándonos alguna gotita) habían cubierto el cielo de Cartagena durante el
día anterior, habían desaparecido radicalmente, y caía un sol de justicia, de
los que notas cómo te quema la piel incluso de buena mañana, y de hecho, estuve
en el recinto ya desde primera hora. La cola esta vez fluía que daba gusto,
solo un dato más de la grandísima organización que tuvo este Rock Imperium, si
cabe, mejor que el anterior. La peña, antes de que comenzaran los conciertos,
se apiñaba en el puesto de merchandising a ver qué pillaba. Yo, que ando
siempre con la cartera llena de telarañas, no me lo pude permitir, y fui
directo a la zona de prensa, a pillar un botellín de agua, y al escenario
‘Cartagena’, donde arrancaría todo de nuevo.
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jueves, 27 de junio de 2024
viernes, 15 de marzo de 2024
Let's get CRAZY!! (Monsters of Rock Cruise 2024, 3ª Jornada, lunes 04/03/2024, Independence of the Seas)
El día anterior
fue una de las jornadas festivaleras más intensas y, al mismo tiempo,
agotadoras que he vivido nunca. Un empalme continuo de bandas, desde las 11:30
que comenzó la primera, hasta casi las 3 de la madrugada, cuando tomamos el
último tentempié tras Hardcore Superstar.
Como podéis imaginar, estaba literalmente hecho trizas. Apenas me senté a
descansar en todo el día, y disfruté de cada uno de los conciertos con toda
pasión que pude, porque no sé hacerlo de otra forma. A la mañana siguiente, el
crucero se detendría unas horas en Cozumel, México. Dicho paréntesis, que
podría haber sido un placer, terminó siendo todo lo contrario para mí. Al hecho
de que nos acostásemos rondando las 3 (por el dichoso retraso), hay que sumar
que a las 6 debíamos estar en pie, y también el hecho de que solo conseguí
dormir 1 triste hora en todo el rato (puto insomnio…). Cuando sonó el
despertador, estaba hecho una puta mierda. Cogimos un ferry hasta la Playa del
Carmen, cerca de donde visitaríamos las espectaculares ruinas de Tulum. Pero además
de pillarme un mareo de la hostia en el trayecto, en el que casi echo hasta la
primera papilla, llegué a Cozumel tan hecho polvo, que la excursión, a pesar de
ser muy interesante, la viví en tal estado de duermevela por el sueño y el
cansancio extremo, que apenas recuerdo nada. Entre haber dormido una sola hora,
la reventada del día anterior, y lo que iba a ser este (con seis o siete
conciertos obligatorios), las iba a pasar putísimas. Conclusión, y nota a mí mismo: no participar nunca
más en excursiones. Un festival para mí, sea donde sea, es ir a hincharme a ver
conciertos, y punto, no a malgastar energías en ninguna otra actividad, y menos
si puede interferir en ello. Fin de la nota.
Etiquetas:
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Ubicación:
Cozumel, Quintana Roo, México
sábado, 19 de febrero de 2022
The American Dream (Monsters of Rock Cruise 2022, Día 1, 09/02/2022)
Aquel día, dejamos la casa a una hora bastante temprana, tal
como nos había indicado la propietaria. La estancia resultó fantástica, una
casa limpia, ordenada, y con todas las comodidades, conexión a Internet incluida.
Pudimos levantarnos, por fin, a una hora medio decente, pero tampoco teníamos
demasiado tiempo para volver a empaquetar las maletas y asegurarnos de que no
dejábamos nada olvidado. Teníamos unas horas ociosas en Miami por delante,
aunque nada comparado con el último día, que dejamos el barco a las 10 y
nuestro avión salía 12 horas después. Sea como fuere, tampoco debíamos
encantarnos, el horario de embarque era bastante estricto y, por otra parte,
ardíamos en deseos de estar por fin a bordo de ese coloso llamado Freedom of
the Seas. Por fuera resultaba realmente imponente debido a su enorme tamaño, y
teníamos muchísima curiosidad por ver sus interiores y orientarnos cuanto
antes, algo bastante complicado en mi caso jeje. La primera jornada, como tal,
del festival, estaba a tan solo un tiro de piedra, y se inauguraría con una
banda ‘sorpresa’ con la que veríamos en vivo y en directo zarpar el crucero
mientras vivíamos el primer show del día, de entre unos cuantos que teníamos
programados si todo salía bien. Al entrar a la cuarta planta del barco,
quedamos ojipláticos. Aquello es un puto palacio, literalmente. Escaleras de mármol,
lámparas de araña, unos balcones impresionantes, ascensores, moquetas,
decoración… una pasada, pero de primeras me dio la sensación de que aquello era
excesivamente pijeras para mí. De todas formas, uno siempre puede acostumbrarse
a esas comodidades, pero por encima de todo, mi interés primordial seguían
siendo los conciertos. Si eso fallaba, para mí fallaba todo, así qué, tras las
brutales cancelaciones ya sufridas, fui cruzando los dedos para que no hubiese
más. Desgraciadamente, no funcionó.