Nada menos que 25 ediciones lleva ya el popular festival Ripollet Rock a base de lucha y constancia. 25 años de Metal incansable, con el apoyo de la gente y del ayuntamiento de la pequeña localidad de Ripollet donde se ha celebrado año tras año uno de los festivales de referencia de la zona, y lo que es mejor (y más sorprendente), GRATIS. Ya quisiéramos muchos tener un festival de ese calibre cerca sin tener que pagar un duro (aunque por otra parte, yo lo haría gustosamente). Además, es sobradamente reconocido por nunca haber escatimado en la calidad y el renombre de sus carteles, habiendo acogido a algunos grupazos como Epica, Dark Moor, Bonfire, Avulsed, Edguy, Iron Saviour, Axxis… para todos los gustos y colores, un maremagnum de estilos que varía año tras año sin apenas repetirse. Aparte de que el cartel de este año era bastante llamativo (solo por no perderse la tercera venida de una banda legendaria como Loudness ya valía la pena echarse los kilómetros), el 25 cumpleaños era la ocasión perfecta para romper mi maldición con este festival. Y os preguntaréis porqué cojones nunca había ido antes en 25 años. Pues cosas de esta puta vida. Sin trabajo no hay pasta, y con trabajo no hay tiempo, contando que, salvo una edición (probablemente la peor jeje), todas ellas han sido celebradas en viernes. Pero este año las vacaciones fueron condescendientes conmigo, y aprovechando el viaje de turno de todos los veranos a tierras catalanas, por fin pude vivirlo en primera persona y encima en una ocasión marcada, en la que se apuntaron a la fiesta, a parte de mi chica obviamente, mi colega Josele, con quien ya van unos cuantos bolos, y su chica Ari. Una compañía casi inmejorable para disfrutar de una de mis últimas noches de vacaciones.