El tiempo no va a darme tregua. Llegué hace unas cuantas horas de un intenso festival, el ya tradicional Ginetarock, pero este mismo miércoles escucharé la llamada del Hellfest, así que antes de que las sensaciones vividas en el festival manchego pierdan intensidad, voy a contaros con todo detalle lo que fue aquella mágica velada de anoche, llena de momentos inolvidables, intensos, actuaciones para quitarse el sombrero con músicos deslumbrantes y colegas que se presentaron allí por sorpresa. Recuerdos especiales a Miguel Ángel, a los miembros de su banda X-trueno y a toda la peña que conocí, ¡gracias por acogerme y pasar unos ratos tan agradables con vosotros! Porque, desafortunadamente, una vez más me tocó acudir al festival con mi mejor compañero de fatigas metaleras: el GPS, y esto no es demasiado consuelo. Es lo que tiene tener colegas con tanta “vitalidad” y “ganas de fiesta” (nótese el descarado sarcasmo…) Pero bien, aparte de este detalle que tampoco es novedad, ya que es el 4º Ginetarock al que acudo solo, todo salió a pedir de boca. Una vez más olé tus huevos Gineta, uno de los festivales con más carácter, más actitud y a la vez más humildes y populares de cuantos se celebran en nuestro país, que se ha ido forjando su propia fama gracias a carteles llenos de sorpresas y grandes nombres sin tener que cobrar la entrada a 50 euros ni el litro de cerveza a 8. Desgraciadamente en este jodido país estas cosas no salen rentables, así que casi todo esto se monta por el puro rock’n’roll. Y además, no todos los días se presenta la ocasión de ver un cartel con cinco grupazos a los que nunca antes había visto pero conozco muy bien (especialmente Firewind, ¡¡si no los veía ya de una puta vez, reventaba!!) y Ankhara, a los que no veía desde el año de su separación (2004). El atractivo de todo esto compensa mil veces el hecho de tener que ir solo.