Aunque no es uno de esos festivales a los que ya se ha convertido en férreo principio asistir año tras año, el Rock Arena sigue imparable su trayectoria, trayendo a bandas de lo más surtido en cuanto a estilo y procedencia. Desde su reanudación en el 2012, en donde destacaron con luz propia los navarros Koma en una de sus últimas actuaciones antes de anunciar su (temporal) separación, hemos visto carteles de lo más espectacular, como aquel que se transformó en un festival de dos días por 10 miserables euros con grandes bandas nacionales como Nova Era o Hamlet, o sorpresas increíbles como la aplastante actuación, hace tres años, de los thrashers Death Angel. Se podría decir que dependiendo de sus posibilidades, los carteles varían en cuanto a la relevancia de sus nombres, pero siempre suele haber algo fijo: su gran ambiente y su público. Este año, y debido a la maravillosa libertad que me proporciona mi estado actual, decidí acudir junto a mi chica tras conocer la propuesta para este 2018, mucho más interesante para mi gusto que la del año anterior. ¡¡Yyyyyy allá que nos fuimos!! Carretera y manta, sin más compañía. Pero no lo hicimos para llegar justo al principio, sino a las bandas que realmente nos resultaban interesantes. Para mi gusto (que cada uno tiene el suyo) los horarios no estaban bien distribuidos. Una de mis prioridades, en principio, eran los Bloodhunter; el problema es que ellos abrían cartel, y después quedaban todavía demasiadas horas para los Tierra Santa, sin grupos interesantes (repito, para mi gusto) lo que podría haberse hecho un tanto largo. Pero me dolió perderme a los primeros, así que en la próxima oportunidad que tenga, ¡a disfrutar de su directo! El resto del cartel lo conformaban Juan Saurín, Alhándal, Nudo y para cerrar, Azrael y los albaceteños X-Trueno.