En los últimos meses, por suerte, me encuentro con un buen número de conciertos sin tener que desplazarme realmente lejos de casa. No es el ritmo que a mí me gustaría, pero al menos es constante y no hay temporadas de excesiva abstinencia metalera. Eso sí, el tiempo para escribir ya es otra cosa, está bajo mínimos. Y es una lástima que haya pasado tanto tiempo desde el evento hasta la crónica que ahora mismo escribo, aunque una noche así, creedme, no se olvida tan fácilmente. Y es que no sucede todos los días que uno de tus grupos favoritos de siempre cumpla nada menos que 25 años. 25 añazos de Metal con relativamente pocos cambios de formación, con un buen puñado de discos que ya han pasado a la historia del Power Metal y al frente, el que fue el padre y creador del género, el grandísimo Kai Hansen. La que en su día no fue más que una especie de escisión de Helloween han continuado hasta estos días con unos trabajos ya algo más flojos y faltos de creatividad, pero siempre apostando por el verdadero Heavy Metal. Lo cierto es que ya me he hinchado a hablar de ellos en muchas ocasiones en este blog, pero cuando se trata de mis adorados Gamma Ray, todas las palabras dedicadas a ellos son pocas. Así y todo… he de admitir que al menos en los tres últimos conciertos suyos en los que he estado me dejaron bastante frío, hasta el punto de que, entre esto y la irregularidad de sus últimos trabajos, empezaba a llegar al punto de perder la fe en ellos. Pero… ¿sabéis esto de que, de repente, una noche, un concierto, haga que una de tus bandas favoritas vuelva a brillar con luz propia y te vuelva a enamorar? Seguid leyendo si queréis saber el porqué.