La numeración que pongo al lado del título de las crónicas de estos días ya hace spoiler por sí solo, pero en aquella mañana de domingo, ni yo mismo tenía claro lo que iba a suceder. Con el lunes libre, teníamos aun un par de días para disfrutar de nuestra visita a Madrid, visitando a peña y lugares. Pero en el tema de conciertos, en teoría, ya habíamos cumplido. El más llamativo de aquel domingo, evidentemente, era el de Europe en La Riviera, y era el que en principio pensábamos ir para completar el ciclo, pero el abusivo precio de su entrada nos echó para atrás casi de inmediato, y más después del agujero en el bolsillo que supusieron los anteriores. Sin embargo, mi colega Pedro me aconsejó acudir a un festival llamado Female Metal Voices Festival 2018, que precisamente también se celebraba allí, esta vez en la Sala Caracol, y en el que actuaban cinco grupos que, salvo en el caso de Kobra and the Lotus, eran unos completos desconocidos para mí, aunque por supuesto esto último no me ha frenado nunca. Ya se iba tejiendo el gran plan, el del gran cuadruplete de fin de semana. Sin embargo, no las tenía todas. Un ‘personaje’ extraño con el que nos cruzamos a la salida del metro, nos aseguró convencido que las entradas para dicho evento estaban completamente agotadas, lo que me hizo entrar en tensión (no puedes prometerle un caramelo a un niño y luego no dárselo jejeje), por lo que bastante rato antes de que abrieran puertas, ya estaba yo allí como un clavo, en las puertas de la conocida sala, haciendo la larga cola para salir de la duda que podría convertir un domingo normalucho tirando a malo en otra velada maravillosa de concierto (independientemente de quiénes tocaran).
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domingo, 14 de octubre de 2018
domingo, 25 de septiembre de 2016
¡¡Alta Tensión!! (Reckless Love + Black Rain, sábado 17/09/2016, Sala Caracol, Madrid)
Sábado sabadete, pero no este, sino el anterior, fue cuando hicimos un nuevo viajecito a Madrid para, entre otras cosas, asistir al concierto que llevábamos tiempo planeando. Entre pitos y flautas, tuvimos que esperar hasta una semana antes para confirmar al 100% que iríamos, pero felizmente, al final llegó el día y, preparados para un entretenido viaje, mi chica y yo emprendimos la marcha deprisa y corriendo como siempre. Por suerte, nos ahorramos el alojamiento gracias a nuestra colega Rosa y sobamos en su casa todo el tiempo que pudimos, ya que el día siguiente iba a ser de lo más agotador. Tras una jornada entera de enormes pateos, compras eternas, visitas, cafés y cervezas, pasamos por la Sala Caracol horas antes del concierto para ver como estaba el percal. Mi primera sorpresa fue comprobar la longitud de la cola (insisto, horas antes del comienzo), algo que me chocó mucho cuando pensaba que la sala iba a estar medio vacía debido al gran número de conciertos que había ese fin de semana por la zona. Tras una última visita, y un poco acojonados, decidimos directamente pasar a la cola. Pero no todo iba a ser ilusión aquella tarde. Nada más llegar allí, nos informan de forma brusca (y traumática) que el concierto está… ¡¡en sold out!! La cara poker que se me quedó, ni os la podéis imaginar. La única forma de entrar, según nos dijo el maromo de la puerta, era esperar a que hubiese cancelaciones en la lista de invitados (gente VIP, prensa, pipas, etc.…). Con una ansiedad del copón, pasamos a la “cola de los marginados”, esperando noticias, que podían llegar en media hora, una hora, o directamente no llegar. Cada vez estaba más asqueado, nervioso y con una mala hostia que me recomía por dentro.