El
segundo día (contando la “fiesta de bienvenida” del miércoles, que ya casi no
se puede considerar como tal) de este Leyendas del Rock 2023 fue, y creo que
mucha gente la habrá vivido de igual o similar forma, una de las jornadas más
duras e insoportables que he tenido que soportar en cualquier edición, incluso
teniendo en cuenta los años que se celebró en Mazarrón, San Javier, o Beniel.
Ya estábamos avisados por los servicios meteorológicos, pero una cosa es la
teoría, y otra la práctica. El jueves amanecí mucho más relajado y descansado
que el día anterior, que fue bastante de locos, como siempre, con apresuramientos
e improvistos de última hora. Pensaba que, más que acostumbrado a las
abrasadoras jornadas festivaleras de verano, podría soportar bien las temperaturas
anunciadas, pero no fue así del todo. El cartel de este día era atractivo y
variado, con grandes nombres, algunos de ellos ya habituales en el Leyendas, y
otros auténticos caramelos mucho más exclusivos. Estaba híper motivado pensando
en el fiestón de Heavy Metal que me iba a correr, pero la llegada a Villena,
incluyendo también los 25 minutos desde casa, fue… demoledora. Nada más bajar
del coche, nos recibió con furia un calor que, en 5 minutos, nos dejó
completamente aplastados. Un aire desértico, abrumador, asfixiante, con
auténtica malicia, a más de 42 grados. Ni siquiera el breve refrigerio que nos
tomamos en nuestro ya instalado Kampamento, bajo la sombra del toldo, y
cómodamente sentados, pudo aliviarnos la tórrida sensación de que nos estábamos,
literalmente, derritiendo vivos. De hecho, bajamos bastante antes de las 18:00
para llegar a ver el concierto completo de Beast in Black, pero, y lo digo con
toda la sinceridad del mundo, personalmente no tuve pelotas a meterme ahí bajo
ese sol amenazante para la salud.