Uno de esos conciertos que hasta última hora no se decide uno a ir o no, y que, tras haber terminado la descarga, me hubiese dado de cabezazos contra la pared si la decisión hubiese sido negativa. A pesar de que finalmente me tocó ir solo, había muchos alicientes a la hora de arrimarse, una noche más, al Paberse Club. Por una parte, el siempre atractivo directo de Prometheus, que son ya unos clásicos de la sala, no importa quién toque, ellos siempre están ahí dándolo todo. Y por otra parte, todo un torrente de energía concentrada de Heavy Metal llamado Paragon, una banda alemana con casi 30 años de carrera que vendrían a demostrar el porqué se han forjado una historia tan larga y un nombre que resuena siempre en las mentes de aquellos que les han escuchado antes y/o visto. Por el hecho de que fuera jueves, ya imaginaba que en la sala íbamos a ser los cuatro y peret de siempre, pero eso no me desanimó ni un ápice. Tras algún problemilla para llegar a la sala debido a mi incompetencia a la hora de conducir, rápidamente aparqué (mogollón de sitio fuera, lo esperado) y entré al calor de la sala, ya que fuera empezaba a picar la rasca. Por suerte siempre se respira un gran ambiente en el Paberse, aunque haya poca peña, por suerte o por desgracia siempre somos los mismos y eso al final crea bastante hermandad y colegueo. El que quiera perderse eventos como el del pasado Jueves, pues el mismo, pero desde luego los que estuvimos allí supimos apreciar la calidad, con mayúsculas, en toda su magnitud, y no creo que nadie saliese decepcionado. Y no es que tengamos precisamente demasiadas oportunidades de ver a estos bestiajos alemanes todos los días.